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lunes, 21 de marzo de 2011

VARGAS LLOSA Y LA ARGENTINA (Parte 3)



Por Carlos Dearma / Entre el monton de opiniones vertidas sobre la visita de Vargas Llosa a la Argentina encontre esta historieta firmada por Daniel Paz que me hizo sonreir. Decidi hacerle un espacio en el blog.

martes, 15 de marzo de 2011

MURIO DAVID VIÑAS



MURIO DAVID VIÑAS
Por Carlos Dearma / “El Ultimo Argentino del siglo XX”: David Viñas (1927-2011) Así se titula el ultimo numero del suplemento cultural Radar que acompaña la edición del diario Pagina/ 12 del domingo 13 de marzo de 2011. Que lo introduce de esta manera: “Su trayectoria atraviesa la historia cultural argentina de la segunda mitad del siglo XX: después de formarse en el Liceo Militar y presidir la FUBA, fue uno de los fundadores de Contorno, la revista iconoclasta de los ’50 que se enfrentó al grupo Sur. Ganó el Premio Nacional con Dar la cara (1956), la primera de las novelas con las que reflexionaría sobre la historia y la ideología nacional. Su ensayo en dos tomos Literatura argentina y realidad política (1964) cambió la manera de entender la crítica literaria en el país. Se exilió durante la dictadura que secuestró y desapareció a sus dos hijos. Durante la democracia, sus clases en la Facultad de Letras fueron memorables para casi todos los que pasaron por ellas. En los ’90, acuñó el término “menemato” y ganó y rechazó la Beca Guggenheim. Polemista furibundo de la vida pública, además de ensayista, dramaturgo y escritor, David Viñas (1927-2011) ejerció durante cincuenta años su rol de intelectual en la primera fila de la batalla de las ideas”.

Seguramente con Viñas se va uno de los últimos intelectuales, con mayúsculas, de la Argentina. Tuve la oportunidad de conocerlo cuando era estudiante del profesorado y visitarlo, junto con mis compañeros Ricardo Devito, Javier Duranti y Diego Fernández, en su casa del Barrio de Constitución en Bs As. El motivo de la visita fue la realización de un documental: “Pocos héroes, muchas tumbas” que nos tiene a todos como responsables (corría el año 1998 y el menemato parecía eterno) casi cuando apenas nos presentamos nos pregunto con mucha seriedad: “¿De que quieren hablar? ¿De Menem?”.
El gran tema del documental es el rol del intelectual y la dictadura militar (1976-1983), y David fue nuestro segundo entrevistado: llegamos a él gracias a la bondad infinita de Osvaldo Bayer (otro de los pesos pesado de la intelectualidad argentina). La impresión que nos dejo fue profunda, tanto que es el mismo Viñas el que da comienzo a nuestro documental. No podré olvidarme nunca de sus primeras palabras ni bien comenzó a rodar la cámara… “Dictaduras en este país hubo siempre, el poder fue siempre de los burgueses” es que David es uno de los pocos que con justicia puede llevarse a la tumba el titulo de intelectual, el intelectual comprometido con la realidad de su tiempo. Un tipo fundamental.
En 1981, la legendaria revista francesa Les Temps Modernes, fundada por Jean-Paul Sartre, consagró su número 420 a la Argentina bajo el título “Argentina entre populismo y militarismo”. En aquel entonces, David Viñas firmó este artículo con el seudónimo Antonio J. Cairo. En 2006, La Biblioteca, la revista de la Biblioteca Nacional (que ahora dirige Horacio González el mismo de la polémica con Vargas Llosa y también otro de los entrevistados en “Pocos héroes, muchas tumbas”), lo publicó por primera vez en castellano. Ahora lo reproduzco para que llegue a todos ustedes. Se llama Borges y Perón.


Borges y Perón

Por David Viñas
Sus diferencias son conocidas. Por eso mismo yo querría destacar sus parecidos; en sus escritos creo que podría encontrarse, en principio, una misma exclusión de la historia, que se manifiesta mediante la negación de la lucha de clases en Perón y en una literatura analgésica en Borges. En uno y en otro se asiste a una evacuación del sufrimiento y del drama inherentes a la vida cotidiana: evacuación que resulta, en el texto borgeano, de su oposición al “Centro” trágico y deslumbrante, y en los documentos de Perón, de su necesidad de borrar todo lo que implica un cuestionamiento. Porque si los escritos de Borges no reconocen a sus lectores sino que los inmovilizan, el discurso de Perón no incorpora a sus mejores colaboradores sino que los fija. Y si el movimiento esencial de Borges se orienta hacia el ruego, el de Perón se especializa en las órdenes. Uno y otro, me parece, instauran un espacio vertical, de arriba hacia abajo y a la inversa, que poco a poco excluye toda dimensión horizontal: incapaz de hacer que una comunidad se respete incluso después de haber visto sus propias miserias, ambos prefieren –cada uno según los valores y con un objetivo diferentes– que esta comunidad continúe ignorándolos.
En otro aspecto –el empleo de las palabras– me parece útil establecer sus lazos de parentesco recíprocos con el Leopoldo Lugones de los años ‘20: cuando Perón dice “muchachos”, está impregnado del Elogio de la espada pronunciado por Lugones en 1924 en ocasión del centenario de la batalla de Ayacucho; cada vez que Borges emplea el término peyorativo “muchachones”, está retomando los semitonos de Lugones de La Patria fuerte.
Podrían incluso establecerse similitudes en virtud de una cronología “generacional” previsible, de climas familiares comparables y de una historia compartida desde la Semana Trágica de Buenos Aires en 1919 hasta los años de la Década Infame (1933-1943).
Verdadera matriz que conformó a los dos hombres en el período que precedió a su eclosión respectiva, sobre todo si se tiene en cuenta la influencia decisiva de la presidencia del general Justo (1932-1938), “tío” de Perón y mecenas de Borges.
Pero en realidad es el parentesco de símbolos entre Borges y Perón lo que me interesa particularmente. Símbolos poderosos: concentración de la línea elitista-liberal en Borges, encarnación de la corriente nacional-populista en Perón. Sobre todo en relación con los dos sectores de Argentina: la clase media liberal y la clase media populista, cuyas connotaciones preferidas son el doctor Houssay, el hombre que habló en La Sorbona y polo sacralizado por la tendencia liberal-elitista, y el tango trivializado, el Viejo Vizcacha y un Gardel de opereta para la franja nacional-populista. Dos sectores que, si se enfrentan en su adhesión, uno a Borges, otro a Perón, a menudo se intersectan y se ponen de acuerdo: en especial cuando se trata de exaltar el símbolo de una vieja Argentina de virtudes patriarcales tranquilizadoras y estereotipadas.
Sucede que el verticalismo al que me refería –tanto el de Perón como el de Borges– acarrea, tanto en los liberales-elitistas como en los nacionalistas-populistas, una adhesión exenta de crítica, incondicional en la mayoría de los casos; eclesiástica, diría. Y con ella todo lo que suponen el star system y el star cult: filisteísmo, identificación y proyección inmovilizadoras, autosatisfacción, incondicionalidad. Herencia a lo sumo, no apuesta.
Podría decirse, para intentar comprender un poco mejor, que Borges y Perón “son dos burgueses”. Dos grandes burgueses. Y si se quiere, los dos burgueses más célebres que haya producido la Argentina. Que con ellos culminan la literatura y la política concebidas en el núcleo programático inicial de 1845, dado que Perón y Borges –a pesar (y a causa) de sus contradicciones y sus matices– son la concreción perfecta de esta conciencia posible.
Lo que quiero decir es que las variantes a las que puede llegar el pensamiento burgués son infinitas. Infinitas sus posibilidades de combinación, pero finitos los ingredientes a partir de los cuales han sido formuladas la teoría y la proposición programática; y, lo que hoy me preocupa, agotadas. Porque si sus combinaciones pueden hacerse en un espacio imaginario (sea Madrid o un relato), su finitud y su agotamiento eclosionan en un espacio histórico concreto: la Argentina actual.
Es por eso que estos grandes símbolos que son Borges y Perón ya no constituyen hoy (justificando, realimentando y, si puede decirse, mitificando) sino un movimiento circular, del que por cierto no se escapará utilizando los recursos del collage.

miércoles, 9 de marzo de 2011

VARGAS LLOSA Y LA ARGENTINA (Parte 2)



Por Carlos Dearma / A esta altura celebro la polémica desatada en torno a la figura de Vargas Llosa y su futura presencia en la Feria del Libro en Buenos Aires. En un mundo donde las polémicas intelectuales parecen cosas del pasado (y agrego: en donde posiblemente Alberto Hidalgo se hubiese sentido mas a gusto, dada su reconocida inclinación a la polémica) el ruido generado en torno al premio Nobel es como una bocanada de aire fresco que ha sacudido, no solo el ámbito literario, sino también la política local. Fastidia el que los medios dediquen metros al GH 5 (si mejor léase Gran Hermano 5) y celebren las “estrategias sanmartinianas” de los integrantes del más famoso reality de la TV Argentina. En fin, un bochorno gigantesco. Elegí otro artículo de opinión publicado en el diario Pagina 12 del día de hoy escrito por Pablo Castillo. A continuación:

PAGINA 12 / La polémica por el escribidor
La invitación a Mario Vargas LLosa para que inaugure la Feria del Libro provocó un debate que trasciende la naturaleza de sus ideas políticas. El rol del Estado, la relación entre literatura y política y la legitimidad de aprovechar esos foros para defender otras causas.

Bienvenidos, los Vargas Llosa
Opinión
Por Pablo Castillo *
La relación entre literatura y política, o intelectuales y política, siempre transitó por caminos sinuosos. Moreno, Lugones, Marechal, Borges, Walsh o el propio Horacio González pueden dar cuenta en el terreno local de las tensiones que se presentan entre sus producciones como escritores, sus posiciones como sujetos y los contextos desde los cuales hablan y son hablados.
En los últimos días, la invitación al Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, para que dé el discurso inaugural de una nueva edición de la Feria del Libro, y la posterior carta del director de la Biblioteca Nacional solicitándoles a las autoridades de ese evento que revieran la posibilidad de que el autor de La ciudad y los perros funcione como anfitrión y editorialista de la muestra suscitó una serie de discusiones y controversias. Malentendidos solamente disipados –al menos parcialmente– por la oportuna intervención de la Presidenta de la Nación comunicándose con el propio González para que retirara su carta con ese pedido inconveniente, cosa que éste hizo dignamente y con un encomiable sentido colectivo de pertenencia.
Que Vargas Llosa –un referente de la derecha más rancia del continente– utilizará sus títulos literarios y su reciente Premio Nobel para pronunciar seguramente un discurso contrario a los intereses populares, es lo más probable.
Que la Feria del Libro, más allá de las grandes corporaciones editoriales que la patrocinan, es un lugar entrañable para muchos que pasamos los cuarenta es también válido; quizá, por eso mismo, imaginar la escena de inauguración de esta feria 2011 de esta forma duela más de lo necesario, es igualmente cierto.
Pero debemos entender que esta vez –quizás una de las pocas veces– la herramienta que utiliza el neoconservadurismo para expresar su posición es legítima. ¿Cuántas veces García Márquez, amparado en pergaminos similares aprovechó foros ajenos para criticar el bloqueo norteamericano a Cuba o defender alguna justa causa latinoamericana?
Que los propósitos sean mejores en esta discusión es casi una anécdota. Tampoco alcanza con el argumento de las críticas sobre la historia y los intereses que se esconden y se mueven detrás del Nobel cuando hace apenas unos meses deseábamos genuina y militantemente que el de la Paz del año pasado se lo otorgaran a la querida Estela.
La intervención de la Presidenta reproducida –incluso con elogios algunos tan interesados como inesperados– por los periodistas de los grandes medios pareció dejar fuera de juego la interpretación propia de los acontecimientos. La celebración de Marcelo Longobardi a Cristina se oía “raro” hacía ruido.
Sin embargo, las palabras de la jefa de Estado sonaban contundentes, interpelaban a la militancia política, social y cultural desde otro lugar del que la decodificaban los formadores de opinión hegemónicos. Y a pesar de eso, no lográbamos darle la dimensión adecuada a sus conceptos.
Aquellos que militamos la nueva Ley de Servicios Audiovisuales, debemos reconocer que las mayores dificultades que tenía (y tiene) esa pelea consiste en desarmar la naturalización de cierta escena montada por la prensa dominante, que combina en un único acto: empresas periodísticas supuestamente asépticas con periodismo supuestamente independiente enfrentando la voracidad de la mirada y la intervención estatista.
Con Vargas Llosa la situación es completamente distinta. Sale a defender los intereses de un capitalismo anacrónico, con miradas binarias y superficiales lejos de entender los distintos niveles de complejidad que tiene el proceso latinoamericano actual. Confronta abiertamente. Es un militante de la reacción.
Bienvenidos, los Vargas Llosa. Que la derecha vernácula tenga que organizar su discurso mediático opositor alrededor del episodio Feria del Libro 2011 habla de su debilidad política y cultural. No de su fortaleza.
Que la historia de Elvira-Mamaé de la señorita de Tacna o la leyenda del irlandés Roger Casement en El sueño del celta, criaturas apasionantes y en algún punto transgresoras, merecieran otro comportamiento de su padre en la vida real, eso es, decididamente, parte de otro capítulo.

* Psicólogo y Magister en Comunicación (UNLP).

viernes, 4 de marzo de 2011

VARGAS LLOSA Y LA ARGENTINA (Parte 1)



VARGAS LLOSA Y LA ARGENTINA (Parte 1)

Por Carlos Dearma / La avizorada presencia en Argentina del escritor peruano Mario Vargas Llosa, reciente premio Nobel de Literatura, ha despertado no pocas polémicas. En últimas épocas, un Vargas Llosa político, descargo sus críticas hacia lo que considera “Populismos nefastos de esta región” y le ha dedicado una especial atención al gobierno de los Kirchner (Néstor primero, ahora Cristina). Son conocidas las simpatías Neoliberales del Nobel y su presencia en la inauguración de la Feria del libro de Buenos Aires provoca, anticipadamente, las más variadas reacciones. Lo que disparo en los últimos días la polémica en torno al peruano es la carta que le escribiera Horacio González, Director de la biblioteca nacional de la Argentina, al presidente de la Cámara del libro y que reproduzco a continuación. Los medios (opositores al gobierno, partidarios y neutros) se hicieron eco y también entraron en la polémica que promete prolongarse hasta abril, mes de la feria. Lo que no deja de ser sorprendente en un mundo en el que los medios le dedican metros a los romances de la farándula o a las lesiones de los cracks del futbol, y las polémicas en torno a los intelectuales parecen cosas del pasado. Ahora la carta:

Sr. Carlos de Santos
Presidente de la Cámara del Libro
Estimado Carlos:
Ha cobrado estado público la sorprendente presencia de Mario Vargas Llosa como partícipe central de la inauguración de la Feria del Libro de Buenos Aires. Le escribo como ciudadano, como director de la Biblioteca Nacional y como lector que aprecia la literatura de Vargas Llosa, a quien he seguido desde La ciudad y los perros hasta El sueño del Celta. No me mueve así ningún despecho ni deseo de limitar su voz –que no precisaba del Premio Nobel para ser justamente difundida- al decirle que considero sumamente inoportuno el lugar que se le ha concedido para inaugurar una Feria que nunca dejó de ser un termómetro de la política y de las corrientes de ideas que abriga la sociedad argentina. ¿Pero no sería este el máximo nivel de facciosidad al que llegaría este evento que a lo largo de los tiempos atravesó toda clase de vicisitudes y supo mantenerse como digno exponente de la cultura universal del libro? Es sabido que hay dos Vargas Llosa, el gran escritor que todos festejamos, y el militante que no ceja ni un segundo en atacar a los gobiernos populares de la región con argumentos que lamentablemente no solo deforman muchas realidades, sino que se prestan a justificar las peores experiencias políticas del pasado. Mucho tememos que no sea el Vargas Llosa de Conversación en la Catedral el que hable en la Feria sino el Vargas Llosa de la coalición de derecha que en estos mismos días realiza una reunión en Buenos Aires. Considero que para la inauguración hay numerosos escritores argentinos que pueden representar acabadamente un horizonte común de ideas, sin el mesianismo autoritario que hoy aqueja al Vargas Llosa de los círculos mundiales de la derecha más agresiva (aunque so pretexto de liberalismo), que diferenciamos del Vargas Llosa novelista, que mantiene viva su sensibilidad como autor de grandes ficciones del realismo histórico-social. Lo invito a que reconsidere esta desafortunada invitación que ofende a un gran sector de la cultura argentina y que junto a las respectivas comisiones directivas de la Fundación El Libro determine que la conferencia de Vargas Llosa –que podríamos escuchar con respeto en la disidencia- se realice en el marco de la Feria pero al margen de su inauguración, y que para este evento inaugural, como es costumbre, se designe a un escritor argentino en condiciones de representar las diferentes corrientes artísticas y de ideas que se manifiestan hoy en la sociedad argentina.

Afectuosamente
Horacio González
Director de la Biblioteca Nacional

lunes, 21 de febrero de 2011

Moralinas




Moralinas

Por Juan Gelman

A 100 años de su muerte, Mark Twain ha vuelto a provocar una polémica. Mejor dicho, la desató la editorial NewSouth de Montgomery, Alabama: publicará en febrero próximo una versión de Las aventuras de Huckleberry Finn expurgada de dos palabras, “injun” y “nigger”. Las reemplazarán “indio” y “esclavo”, respectivamente. El Dr. Alan Gribben, de la Universidad de Auburn, es el autor de la tachadura que justificó así: son términos que el pueblo estadounidense empleaba con una fuerte carga de desprecio racista “y el lector de hoy no los acepta”. Esto último, a saber.
Es verdad que sobre todo “nigger”, que aparece 219 veces en Huckleberry Finn, es tal vez el peor insulto de la lengua inglesa y se asestaba –y todavía se asesta– a los afroamericanos y, por extensión, a un ser abyecto. No es menos cierto que Mark Twain reproduce el lenguaje y el ambiente de un pueblo de Mississippi de mediados del siglo XIX. Como él mismo dijo: “La diferencia entre una palabra casi justa y la palabra justa no es una pequeña cuestión; es como la diferencia entre una luciérnaga y la luz eléctrica”.
Hay otros ejemplos de grandes autores corregidos post mortem. La sobrina de Flaubert eliminó las malas palabras de las cartas de su tío antes de editarlas. Huelga decir que una correspondencia privada no es lo mismo que un texto literario, pero la señora pudo obviar fácilmente su sobresalto o rechazo no publicándola, en vez de tergiversar el carácter del autor de Madame Bovary. Ni hablar de lo que le hicieron a Nietzsche: su hermana Elisabeth convirtió en un libro “inédito” las notas que el filósofo había dejado inconclusas antes de su pasmo mental.
Ernest Hemingway afirmó que “toda la literatura estadounidense moderna procede de un libro de Mark Twain llamado Huckleberry Finn... Nada hubo antes. Nada tan bueno ha habido después”. Se comprende la irritación causada por los maquillajes del Dr. Gribben.
“El libro trata directamente del racismo y corregir los insultos racistas no lo mejora”, adujo el crítico Elon James White (www.salon.com, 4-1-11). Su colega Alexandra Peti se indignó: “La palabra (nigger) es horrible, pero indispensable en este libro. Quitarla sería como titular ‘2084’ la novela (de Orwell) 1984 porque ya no vivimos los tiempos del gobierno Reagan” (www.washingtonpost.com, 4-1-11).
En los ’80 del siglo XIX la Biblioteca Pública de Brooklyn había negado sus estanterías a Huckleberry Finn por “su ordinariez, falsedad y prácticas dañinas”. No corrió suerte mejor mucho después: en el decenio 1990-1999 la novela figuraba en el quinto lugar de la lista de los cien libros prohibidos o censurados establecida por la Asociación de Bibliotecas de EE.UU. Sex, de Madonna, ocupaba el decimooctavo (www.ala.org). En consecuencia, tampoco era acogido en la currícula de numerosos establecimientos de enseñanza. Se supone que el Dr. Gribben y la editorial NewSouth se basaron en razones de sensibilidad social, no de venta del libro, para corregir a Mark Twain.
La Dra. Sarah Churchwell, catedrática de Literatura y cultura estadounidenses de la Universidad británica East Anglia, presentó el problema desde el ángulo opuesto: la culpa del destierro de Huckleberry Finn de los programas escolares es de los educadores, no del lenguaje del libro. “No se puede decir ‘modificaré a Dickens para que sea compatible con mi método de enseñanza’. Los libros de Twain no sólo son documentos literarios, son documentos históricos, y esta expresión es totémica, pues codifica toda la violencia de la esclavitud.”
Es notorio que Mark Twain no fuera racista. Al revés. Apoyó a la naciente Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color, la primera organización defensora de los derechos civiles de EE.UU. nacida en 1881, y al Instituto Tuskegee de Alabama, fundado para “perfeccionar la vida intelectual, moral y religiosa de los afroamericanos”. Juntó personalmente buena parte de los fondos que permitieron el establecimiento en Yale de la primera Facultad de Derecho para estudiantes de ese sector social explicando a los posibles donantes: “Hemos pisoteado la humanidad de estas personas y la vergüenza es nuestra, no de ellas, y debemos pagar por eso”. Así pensaba de los “nigger” Mark Twain.
El Instituto Tuskegee celebró sus bodas de plata en el Carnegie Hall y The New York Times publicó la crónica del acto al día siguiente, 23 de enero de 1906. Además del “populacho” –dice el diario– había mujeres, como la esposa de John D. Rockefeller, “resplandecientes de joyas”. Mark Twain copresidió la mesa y su discurso fue gracioso, pero también explicaba: “Todos decimos malas palabras, damas incluidas, pero el pecado no es la palabra, sino el espíritu de que está imbuida. Cuando una dama irritada dice ‘¡Oh!’, el espíritu del vocablo dice ‘maldición` y de esa manera será registrado”. Ni que hubiera previsto la existencia del Dr. Gribben y su voluntad de enmendarle la plana.

domingo, 9 de enero de 2011

¿QUE ES EL SIMPLISMO?





¿QUE ES EL SIMPLISMO? Por Carlos Arturo Caballero Medina

Por Carlos Dearma / Carlos Arturo Caballero Medina ha dejado una reseña biográfica en su blog "Naufrago digital" que describe brevemente vida y obra, (la reproduzco aquí para ustedes): "Licenciado en Literatura y Lingüística por la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Ha dirigido la revista de literatura Náufrago (2004) y dirige la revista de investigación Letras del Sur. 

También, ha publicado ensayos de investigación en revistas académicas locales y en el extranjero vinculados a la obra de Mario Vargas Llosa. Además administra los blogs Letras del Sur y Náufrago digital en los cuales aborda temas sobre cultura y política. Actualmente, ejerce la docencia universitaria en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y en la Universidad Privada del Norte." (pueden encontrar los vinculos a ambos blogs en nuestros enlaces recomendados)

Caballero Medina gentilmente nos ha cedido la posibilidad de reproducir un trabajo propio sobre Alberto Hidalgo titulado: "¿Que es el Simplismo?" en donde aborda esta particular interpretacion de la poesia por parte del joven Hidalgo. Desde aqui le enviamos nuestro saludo y agradecimiento a Carlos Arturo por su colaboracion con el blog.


¿QUE ES EL SIMPLISMO?(Fragmento)
Por Carlos Arturo Caballero Medina

I

En 1925, en la ciudad de Buenos Aires, el poeta arequipeño Alberto Hidalgo publicó un poemario-manifiesto titulado Simplismo, en el cual expuso sus reflexiones acerca de la poesía y el arte, dando forma a una teoría poética muy particular que tuvo como principal objetivo liberar a la poesía de todo aquello que obstaculizara su comprensión. 

Frecuentemente, al encontrarse con un “ismo” se suele indagar sobre su iniciador, principios, seguidores, influencias y su vigencia. Es preciso decir que el Simplismo no tuvo seguidores que pudieran sistematizar, refutar, replantear o profundizar los postulados de Alberto Hidalgo ; no inició una escuela o movimiento y tampoco es notable su influencia en la poesía peruana ya que no existen poetas que abiertamente hayan hecho suyos los principios estéticos que propuso el poeta arequipeño trasladándolos a sus propias obras. “El simplismo nace y muere bajo el auspicio solitario de un solo nombre: Alberto Hidalgo ”.

La aspiración de ver al Simplismo convertido en una corriente de gran influencia, no creo que a Hidalgo le preocupara tanto, porque más interesado estaba en la proyección de su individualidad creadora —tanto en lo teórico como en lo artístico— que en la difusión de una teoría estética que al final superó evolucionando hacia una expresión menos extremada. 

Pero esto no debe ser un obstáculo para abordar al Simplismo ni se le debe descalificar como un proyecto fracasado porque esto no brinda una explicación de la estética hidalguiana. Hoy se hace necesario examinar sus postulados a la luz de lo que significó dentro del proceso del vanguardismo en el Perú, haciendo un balance de su aplicación dentro y fuera de la obra de Hidalgo. 

Para ello, mi primer objetivo es caracterizar la poética de Hidalgo para luego describir y explicar qué es el Simplismo.

(...)

III

El simplismo: un tratado de estética
El libro Simplismo. Poemas inventados por Alberto Hidalgo, se inicia con un prólogo del autor titulado “Invitación a la vida poética”, conformado por 30 apartados, numerados desde el cero (0) al 29. Hidalgo define su prólogo como un tratado de estética cuyos apartados a pesar de estar dispersos, guardan relación temática entre sí, mas no una secuencia lógica. 

Sucede que de un apartado a otro salta de tema en tema, luego los retoma avanza y vuelve a regresar. Anticipa que la participación del lector es necesaria para integrar estos apartados dispersos, es el lector quien tiene que vincularlos y él lo ha dispuesto así porque es “enemigo de lo metódico ”. 

El poeta acompaña al lector en su lectura interactiva con el poema, para esto, que según Hidalgo no tiene precedentes, es necesario que el lector se familiarice con el Simplismo antes de leer los poemas simplistas; este es el primer objetivo de su “invitación”. 

Manifiesta ser “enemigo de lo metódico”, por eso los temas se encuentran dispersos para que el lector los integre. Sin embargo, deliberadamente o no, su “invitación” al lector sirve como una entrada previa al texto donde pretende conducir la lectura, y como tal bien puede ser entendido este prólogo como una aproximación metodológica al simplismo.

Imagen y metáfora

A la concepción de la poesía como el arte de pensar en imágenes, Hidalgo propone entender la poesía como el arte de pensar en metáforas. Le añade a esta noción su particular atracción por el individualismo artístico, porque concibe el arte como personal, independiente de las poéticas antiguas y tradicionales.

A lo largo de su exposición desarrolla una serie de oposiciones. La primera es la oposición imagen/metáfora. Descarta la imagen como recurso poético. La poesía no es el arte de pensar en imágenes sino en metáforas: “La poesía es la metáfora. La metáfora es toda la poesía”. No hay poesía fuera de la metáfora.

 Esto lo explica a través del carácter simbólico del signo. Hay que volver al origen y la palabra es el origen de la poesía. Las palabras están compuestas por letras, y las letras son signos. “Signos: lo que representa alguna cosa distinta de sí, cualquier carácter simbólico o cosa parecida ”. 

La palabra es simbólica, el lenguaje es todo simbólico, allí radica su capacidad creativa, no aludiendo directamente a algo. Se distingue el objeto, la cosa en sí, del nombre que lo identifica. 

En este sentido toda palabra al designar un objeto que está fuera de ella, es una metáfora. La palabra es una representación de algo que está más allá y nuestro contacto con la realidad esta mediatizado por la palabra, es decir por el lenguaje. 

Entonces el lenguaje no representa directamente la realidad sino que la crea y recrea porque no puede dar cuenta de ella completamente.

Estamos atrapados dentro del lenguaje.


Letras ---


METÁFORA


Diferencia entre imagen y metáfora: la imagen es una representación o imitación de un objeto; la metáfora convierte al objeto en arte porque amplifica la gama de significados posibles del objeto una vez integrado al lenguaje. 

El objeto entra al orden simbólico desde que el lenguaje lo nombra. El objeto y el signo que lo representa, son distintos. El poeta es un fabricante de metáforas, esa debe ser su mayor aspiración.

Oposición poesía/literatura: la literatura es el género mayor. Hidalgo asigna una mayor jerarquía a los poetas por encima de los novelistas, dramaturgos y por extensión, de los críticos: “Los literatos —la poesía no es literatura— son los mejores clientes de los poetas ”, necesitan de ellos porque la poesía les brinda las metáforas. 

A su entender los otros géneros son parásitos de la poesía porque históricamente la han estado imitando. 

En el caso de la crítica literaria, los críticos necesitan de los poetas, recurren a ellos para justificar su actividad.

Otro recurso para la creación poética son las pausas. La pausa no es un mero estado psicológico sino la llave con la cual el poeta abre las puertas del infinito para que el alma del lector entre en él. 

El poeta guía al lector a través de los versos y las pausas tienen como finalidad que el lector medite y reflexione solo frente al verso. Verso y pausa son ambos elementos constitutivos del poema. 

El poema simplista es una continuidad, por ello las estrofas desaparecen. Las pausas no separan versos sino que los unen.


En la Imagen Carlos Arturo Caballero Medina

Las letras: materia prima del escritor

Hidalgo manifiesta que la mayoría de poetas desconocen cuál es su herramienta de trabajo. “Las letras son la materia prima del escritor” (p.7). Las letras requieren de un experto que sepa utilizarlas. El poeta es un artesano de la palabra. 

Hidalgo afirma que nadie se ha dedicado a desentrañar (como un científico con su objeto de estudio) la naturaleza de las letras, han pasado por alto la importancia del alfabeto. 

El poeta les atribuye a las letras una cualidad animista; son para él seres vivos porque producen y reproducen metáforas. “Las letras son en fin de cuentas, unos simples gusanos. Solo que unos gusanos, unas lombrices inteligentes ”.

Metafóricamente, explica quiénes son los más idóneos para utilizar las letras. Lo hace a través de la idea de jerarquía y clase:

a) En toda sociedad hay clases: cosas, animales, hombres y estos a su vez se pueden clasificar.

b) En los gusanos (especie de sociedad compuesta por letras) hay clases: el pueblo los conforman los gusanos que se alimentan de la tierra, raíces y plantas); la burguesía, la conforman los gusanos que se alimentan de cadáveres más por satisfacción intelectual y espiritual que por placer alimenticio; y la aristocracia la conforman los gusanos selectos, notables e ignorados por desconocimiento de sus cualidades creativas que para nada los convierten en signos convencionales.

Hidalgo plantea que la facultad de creación de la palabra no debería otorgarse a sujetos incompetentes que utilicen las letras para crear barbaridades porque ese mal uso “humilla” a las letras, sus gusanos inteligentes.

“Así como a los enfermos de enfermedades vergonzantes o incurables no se les consiente en los países cultos el derecho a la procreación, así debería legislarse la libertad de escribir, de modo que los imbéciles no pudieran dar a luz gusanos inteligentes, es decir, letras. ¡Eso también sería humanitario!” .

Conclusión: las letras, metafóricamente, poseen vida como los hombres y animales porque al combinarlas crean palabras, estas a su vez, versos que se convierten en metáforas lo cual es signo de la existencia de poesía.

Rechazo a la musicalidad

Dentro de la estética simplista, poeta es todo aquel que hace versos, en tanto se entienda un verso como la unidad que estructura una metáfora. 

Hidalgo cuestiona que a hasta el momento de su manifiesto simplista, los poetas hayan escrito versos. Considera que lo que se ha venido escribiendo no son versos sino música. 
Atribuye a la madurez del artista la capacidad de engendrar buena poesía, desafiando el precepto tradicional de que la juventud es la mejor etapa para escribir poesía porque para crear versos es indispensable que el poeta haya acumulado experiencias. Madurez de espíritu, no madurez biológica. 

El momento mundial en que está desarrollando su nueva estética lo califica como el más apropiado puesto que la historia mundial ha acumulado la suficiente cantidad de experiencias para que los poetas aparezcan.

Hidalgo se rebela contra la estética modernista cuando sostiene que la poesía es superior a la música porque requiere de mayor trabajo y porque aparece luego de un largo proceso de maduración: con la música de pueden crear chillidos, pero no con la palabra.

“Los versos corrientes son pensamientos musicales, música en verso, mas no poesía (…) los versos deben estar hechos de metáforas” (…) “ley del verso: el verso debe estar hecho únicamente de palabra y todo valor extraño que intervenga en él, lo empequeñece y desvirtúa” (…) “Poesía y música son antagónicos. No pueden estar juntas sin hacerse daño la una a la otra ”.

La diferencia esencial que Hidalgo destaca entre música y poesía es que la primera es material y sensorial, mientras que la segunda pertenece al plano de lo metafísico: no desaparece aunque no la percibamos.

Poesía y simplismo

Según Hidalgo, el simplismo desnuda a la poesía de aquellos elementos que la opacan: retórica, ritmo, lógica, composición, rima que dentro de la poesía simplista no son fundamentales sino secundarios. Dentro de esta concepción, la poesía es superior a otras artes como la música y la pintura por las siguientes razones:

a) Naturalidad: no necesita de ningún recursos externo para producirse

b) Originalidad: la palabra es un elemento original

c) Personalidad: la palabra es un sello distintivo de la individualidad y de la independencia del poeta.

Hidalgo proclama a Rimbaud, dentro de la tradición poética universal, como un punto de quiebre entre lo que denomina la Edad de Piedra, que abarca desde Homero hasta Víctor Hugo y la época actual signada por el influjo de Apollinaire. 

En este sentido, critica a los artistas “troglodíticos” cuyos criterios se imponen en los medios culturales impidiendo la comprensión de un arte nuevo .

La propuesta más relevante del simplismo hidalguiano es la del individualismo y originalidad que se corresponden con la introducción de la nueva estética del vanguardismo. 

Plantea que “La originalidad es la base primaria e imprescindible de toda obra de arte. No es posible la imitación. El artista no debe tener antecesores ”. 

En consecuencia, el artista debe dejar su personalidad impregnada en su obra de arte. Esto asegura su inmortalidad. Hacer suyo el arte, apropiarse de él. Romper con los antecesores para ser libre y original. Originalidad que radica en la creación de un objeto nuevo.

Respecto a la teorización, las ideologías o los manifiestos políticos estos deben ser canalizados por medio de otros géneros. 

El poeta debe dedicarse absolutamente a la poesía, comprendida como búsqueda de la perfección. Vista así, la finalidad de la poesía simplista es la creación estética y por ello no debe utilizarse para difundir ideologías o tesis, ni como denuncia social:

 “El poema no debe ser nunca un arma. La prédica nada tiene que ver con él. Yo no tolero la poesía de tesis, el arte social, soñado por Tolstoi ”. 

Descontextualización total de la creación poética, o en términos de Ortega y Gasset, deshumanización del arte. Solo el poeta y su poesía: “El ambiente debe ser extraño a la obra de arte ”. En relación con esto, Hidalgo establece una distinción entre el artista objetivo y el artista descriptivo, cuya diferencia es que el primero es un creador y el segundo un imitador. 

Al explicar la objetividad en la poesía, sostiene que toda poesía es objetiva porque el poeta se sirve de lo que “ve” ya sea dentro o fuera de sí mismo. 

De esta manera Hidalgo deconstruye la oposición objetividad/subjetividad ya que la posición del sujeto frente al objeto, si su conciencia creadora se dirige a lo exterior o al interior, determinará el grado de objetividad/subjetividad de su poesía. 

Hidalgo lo explica así: “La poesía es objetiva y subjetiva”. Por otro lado, el naturalismo es írrito al simplismo: “El simplismo no es descriptivo. Todos mis paisajes son paisajes imaginarios (…)”

Cabe resaltar que tales preceptos fueron abandonados por el propio Hidalgo porque en los poemarios posteriores, su práctica poética contradice radicalmente lo expuesto en su tratado de estética simplista. 

Tres años después de la publicación de Simplismo (1925), apareció Descripción del cielo (1928) que reúne poemas que distan mucho de este aislamiento de lo social, de la poesía de tesis y de la ideología política.

La crítica a la elitización y al didactismo en el arte son también materia de discusión del simplismo. El arte de la alta cultura le resulta fosilizado porque el artista culto está atrapado en la élite y se conforma con el saber que reproduce. 

Se le opone un saber de la ignorancia que en cambio es espontáneo en su necesidad de conocimiento porque se nutre de sus experiencias, es libre e inteligente porque es susceptible de buscar nuevos horizontes. “El simplismo quiere para sí un público de ignorantes, a condición de que sean inteligentes ”. 

El simplismo no es elitista, mejor si fuera conocido por todos. En cuanto al didactismo, Hidalgo afirma que el arte no se puede enseñar, pues el verdadero artista es su propio maestro, ya que aprende solo.

IV


Simplismo. Poemas inventados por Alberto Hidalgo, discute las ideas de una nueva concepción estética de la poesía sustentada en la búsqueda de originalidad, individualismo y ruptura con la tradición, tesis que no difieren de las propuestas de los movimientos de vanguardia europeos de las primeras décadas del siglo XX. 

En el prólogo a los poemas simplistas, Alberto Hidalgo plantea una serie de propuestas para ilustrar al lector antes de que éste se enfrente a la lectura de los poemas simplistas. 

Tales propuestas sintetizan el simplismo como: a) un tratado de estética, 

b) búsqueda de originalidad, 

c) adecuación de la ruptura vanguardista frente la tradición a un proyecto individual libre del influjo de un colectivo que imponga saberes previos, 

d) confrontación de las oposiciones: imagen/metáfora; poesía/literatura; poeta antiguo/poeta moderno, antiguo/contemporáneo; moderno/retardatario; arte culto/arte ignorante; arte de élite/arte de masas, 

e) naturalidad, originalidad y personalidad propia como características distintivas de la poesía y uso de la metáfora y de las pausas como recursos creadores, 

e) oposición radical al didactismo y a la poesía social o de tesis y 

f) lectura interactiva, la finalidad del prólogo es orientar al lector para que comprenda la novedad de los poemas simplistas.

Las principales contradicciones que encuentro en el discurso simplista son básicamente dos: 
a) el planteamiento de una estética desideologizada es inviable puesto que lo político o lo social, forman solo una parte de la noción de ideología. Lo cultural y lo artístico también se inscriben dentro de la noción de ideología; y 

b) las tesis simplistas no trascendieron a otros poemarios de Hidalgo donde es evidente su compromiso con ideologías políticas radicales y con el imaginario nacional peruano y regional de su ciudad natal.

¿Qué es el simplismo, entonces? Ensayo una particular definición: búsqueda de originalidad basada en el individualismo creador, simplificación del lenguaje poético y deselitización sociocultural del concepto de vanguardia.



jueves, 4 de noviembre de 2010

ENTREVISTA A CARLOS GARCIA (HAMBURG)



Con un atraso motivado por cuestiones personales tengo ahora el gusto de publicar una nota a Carlos Garcia (Hamburg). Carlos es un estudioso de la obra de Alberto Hidalgo, con una larga trayectoria literaria. Agradezco a él su colaboracion con el blog y pido disculpas por este retraso en una nota que habiamos prometido para el mes de agosto pasado.

Carlos antes de comenzar con las preguntas sobre Alberto Hidalgo, quería pedirte algunas respuestas acerca de tu labor profesional y literaria:

1. Naciste en Buenos Aires y podemos decir que es una ciudad con mucha literatura: ¿Cuándo surgió tu interés por la literatura? ¿Qué autores leías? ¿Publicaste tus primeros trabajos allí?

Siempre fui un lector, especialmente de prosa: desde los libros de aventuras de la infancia, hasta las novelas, los cuentos y libros de investigación o manuales casi sobre cualquier tema, primero provenientes de la bien surtida biblioteca paterna, luego de la propia. En Buenos Aires trabajé, además, algunos años como librero, con pasión.
Escribo desde los 16 años. Comencé, como otros jóvenes, con poemas y cuentos. Produje, además, seis novelas, que jamás mostré a nadie, porque no eran buenas. Ahora lamento haberlas destruído: tendrían al menos un curioso valor testimonial.
En cuanto a mis lecturas de joven y adulto, fui un snob, quizás por haber sido educado en una escuela inglesa: leí casi todo lo que venía de Europa occidental (en especial, Inglaterra y Francia, sobre todo los clásicos), y poco de lo producido en Argentina, con excepción de Cortázar, Arlt y algún otro. A Borges lo descubrí ya veinteañero, por casualidad: una amiga de mi padre perdió un libro de Hermann Hesse que yo le había prestado, y a cambio me dio Discusión. A partir de ese momento me convertí en un lector de Borges, cuya vida y obra estudiaría más tarde.
Mi primera publicación tuvo lugar en 1995. Se trataba de un cuento titulado “Peligrosa afinidad”, que adoptó generosamente la revista Proa (tercera época).
A partir de allí, sólo publiqué artículos, ensayos y libros en diversos países: Argen¬¬tina, México, España, Brasil, Uruguay, Dinamarca, Estados Unidos... En total, publiqué en los últimos 15 años unos 150 títulos, de los cuales 13 son libros. En Madrid soy, además, uno de los redactores que hacen la revista Boletín RAMÓN, fundada y dirigida por Juan Carlos Albert, dedicada exclusivamente a comentar vida y obra de Ramón Gómez de la Serna.

2. Vivís actualmente en Alemania: ¿Por qué esa elección? ¿Tuvo la “mudanza” que ver con tu labor literaria?

La mudanza no tuvo lugar por cuestiones literarias. Abandoné Argentina en 1977, asqueado ante la realidad política, social y cultural, luego de que una banda de ineptos, asesinos y chupacirios se alzó con el poder en 1976.
Pasé de Buenos Aires a España. Tras vivir allí dos años me radiqué en el norte de Alemania, donde vivo desde 1979. Hacia esta tierra, que originalmente no había figurado en mis planes (Europa era para mí apenas España e Italia, por cuestiones familiares, y Francia e Inglaterra por cuestiones culturales), me trajo una relación amorosa. Esa relación fracasó poco después, pero otras me retuvieron aquí. Vivo, perfectamente integrado y con dominio absoluto del idioma, con mi mujer alemana y sus hijos; tengo, además, una hija propia de otra relación, que ahora vive y estudia en Viena.
Desde el punto de vista literario, debo hacer algunas precisiones. Por un lado, yo no vivo, no podría vivir de lo que escribo. Para subsistir debo trabajar en cosas ajenas a la literatura. Pero Alemania permite al menos eso: trabajo sólo 35 horas por semana, y ello me da la holgura necesaria para dedicarme por las noches y durante los fines de semana a escribir.
Pero el país que, quizás sin saberlo, hizo más por mí desde el punto literario es España. Lo cultural es allí apoyado por instituciones estatales de una manera que, a pesar de lo perfectible que pueda ser, debería servir de modelo a otros países, incluída la Argentina. Casi todos los libros míos aparecidos en España pudieron hacerlo porque el Ministerio de Cultura aportó un subsidio; de otro modo, las editoriales no podrían publicar esa clase de libros, que no se amortizan o lo hacen, a lo sumo, a muy largo plazo.

3. Sé que has realizado trabajos de investigación sobre Borges y Macedonio, autores que, podemos decir, son muy visitados por los investigadores. Sin embargo, tú has elegido facetas poco tocadas: ¿Podrías ampliarnos un poco la información acerca de esos trabajos?

En mi opinión, la mayor parte de los libros que se escriben sobre Borges son superfluos: unos copian más o menos aplicadamente lo que otros dijeron, o se limitan a repetir lo que dijera Borges. Si bien ha comenzadoa cambiar, eran muy pocos los autores que tomaban a Borges, no como objeto de veneración, sino de estudio. Yo aspiro a enrolarme en las filas de quienes se dedican a lo segundo, y hacer allí un aporte propio. Soy uno de los primeros que se acercó a Borges con una mirada filológica, de los que investigaron en las condiciones de producción y en su entorno literario. Por otro lado, advertí que la mayor parte de quienes escriben ensayos sobre la obra de Borges apenas se han tomado el trabajo de investigar en archivos, institucionales o privados; yo preferí seguir ese camino. Ello me permitio descubrir algún que otro texto, y acceder a numerosas cartas de Borges. Publiqué ya varios de esos epistolarios, en ediciones comentadas: con Jacobo Sureda y Maurice Abramowicz (Cartas del fervor, 1999), con Macedonio Fernández (Correspondencia Macedonio-Borges, 2000), y recientemente con el mexicano Alfonso Reyes (Discreta efusión, 2010). Para mi uso personal tengo hechas muchas otras ediciones comentadas de epistolarios borgesinos, que quizás alguna vez pueda dar a luz.

4. El peruano Alberto Hidalgo es un personaje que eligió Buenos Aires para vivir. ¿Por qué y cuando apareció tu interés por “Alberto Hidalgo” como tema de estudio e investigación?

Llegué a Hidalgo, como a muchos otros temas y autores, a través de Borges. Recuérdese que se atribuye a ambos, junto al chileno Vicente Huidobro, la edición de una antología poética, titulada Índice de la nueva poesía americana (1926). Demostré en mi trabajo “El Índice de Hidalgo” que esa compilación es obra exclusiva del peruano. Mi investigación al respecto iba a formar parte de una reedición comentada y anotada de la antología, que debía publicarse en España a cargo de Juan Manuel Bonet. Pero la editorial decidió renunciar al proyecto. Me alegra que, al menos, se disponga ahora de la reedición hecha por la librería anticuaria Sur, de Lima, aunque ese libro hubiera merecido varias notas, de las que desafortunadamente carece.
Aunque ese proyecto fracasó, y como paralelamente entré en contacto con Álvaro Sarco, me entusiasmé por investigar a fondo vida y obra de Hidalgo. Como producto de ese interés, aporté una nota sobre el cuento “El plagiario” a la reedicón de Los sapos y otras personas (2005), seis ensayos y una extensa bibliografía para el volumen colectivo El genio del desprecio (cuyo título propuse al editor) y obtuve para ese libro colaboraciones originales de los argentinos Martín Greco, Sergio Baur, May Lorenzo Alcalá y Ariel G. Fleischer, así como del mexicano Evodio Escalante. Recientemente dí a luz en Madrid una reedición de España no existe (2007) y preparo, como ya dije, la edición comentada de su epistolario con Reyes, que saldrá en México y / o en Perú. Preparo también una exhaustiva bibliografía suya, que consta ya de varios centenares de títulos. Si a ello se agrega que planeaba un libro sobre Hidalgo en conjunto con Martín Greco, se podrá deducir mi interés en él y su obra. A decir verdad, el mayor aliciente para ello era precisamente la falta de estudios y el desconocimiento, por parte del público, de su vida y obra. Al trabajar dejo siempre de lado mis gustos personales, que van en direcciones diferentes a lo hecho por Hidalgo.

5. He leído un artículo de Ariel Fleischer sobre Hidalgo titulado “Un vanguardista peruano en las pampas” (quizás tú lo conoces); tú también has estudiado al “joven” Hidalgo. ¿Qué opinión te merece a ti este mote de “vanguardista” en Hidalgo? ¿Qué cualidades debería reunir un artista de vanguardia? ¿Qué rastros de esta actitud de “vanguardia” podemos encontrar en el Hidalgo de los años adultos?

Sí, conozco el trabajo de Ariel Fleischer, a quien gané para el volumen El genio del desprecio, donde publicó un interesante ensayo sobre Hidalgo el poeta argentino Bernardo Horrach.
A riesgo de atraer ciertas iras, y a pesar de que soy, con Dieter Reichardt, autor de una obra standard sobre la literatura de vanguardia en Argentina, Uruguay y Paraguay, diré que creo que no hubo en Hispanoamérica una vanguardia en el sentido en que sí la hubo en Europa. La nuestra es, por un lado, derivada de la europea, y por otro “contaminada” con lo autóctono (criollismo, negrismo, indigenismo, etc.). de modo que, si acaso, sólo puede hablarse de una vanguardia sui generis.
Hidalgo fue, a pesar de algunas ínfulas que parecían entroncarlo con el futurismo de cuño marinettiano, en sus comienzos apenas un tardomodernista. Ninguna de sus realizaciones posteriores lo llevó más allá de lo que se hizo en Francia, Italia, España o Argentina. Lo que de vanguardista tenía Hidalgo se agotaba más bien, a mi entender, en el gesto, en la pose, que es lo que conservó hasta el final. Ello no quiere decir que su obra no merezca atención y estudio: una trayectoria literaria de más de 50 años merece mi mayor respeto, y lo obtiene.

6. A decir de su compatriota Álvaro Sarco, Hidalgo es un autor poco leído actualmente y, le agregaría, casi olvidado, por lo menos en la Argentina: ¿Qué repercusión tuvo tu trabajo sobre “España no existe”? ¿Qué te “interesó” sobre el mismo?

En efecto, Hidalgo está olvidado en Argentina. Apenas algunas de las nuevas reeediciones, así como las publicaciones del amigo Sarco y de alguno de mis trabajos están haciendo algo por su recuperación. Pero estas publicaciones han tenido poco impacto en Argentina. Descontando la falta de interés general por cuestiones de la historia literaria, a Hidalgo lo perjudicó su carácter, pero también el hecho de haber sido, siquiera por un tiempo, antisemita y fascistoide, según mostró mi amigo y colega Martín Greco en un excelente ensayo recogido en El genio del des¬precio.
En cuanto a mi reedición de España no existe, no he recibido aún ninguna liquidación de la editorial española-alemana, pero calculo que se habrán vendido unos 500 o 600 ejemplares. La cantidad muestra la desproporción entre el interés que reciben estos proyectos y su importancia intrínseca.
Ya que hablamos de ese libro, no estará de más mencionar que incluí en él no sólo el texto España no existe, de 1921, sino además todos los pasajes relacio¬nados con autores españoles procedentes de otro libro de Hidalgo: Muertos, heridos y contusos (1920). De mi propia cosecha agegué “Ubicación de Hidal¬go”, “Notas sobre España no existe”, “Alberto Hidalgo y Guillermo de Torre (1920-1933)” y una versión actua¬lizada de “El Índice de Hidalgo”.
A mí me interesó el proyecto, más que nada, porque permitía vislumbres intere¬santes en la época (1920-1921) que yo venía estudiando desde otras perspectivas, relacionadas con el joven Borges, con el ultraísmo español y con la trayectoria de Guillermo de Torre.

7. Sé que trabajaste sobre la correspondencia entre Hidalgo y el mexicano Alfonso Reyes. ¿Podrías ampliarnos un poco sobre este punto?
El intercambio epistolar conservado entre Reyes e Hidalgo es relativamente exi¬guo, consta de pocas cartas, pero trasunta un profundo malentendido y disgusto entre ambos. Se habla a menudo de Alberto Guillén como imitador de Hidalgo. El volumen que estoy preparando se titulará “Cartas peruanas”, y contendrá las misivas intercambiadas por Reyes tanto con Hidalgo como con Guillén. De modo indirecto, se podrán apreciar en ese trabajo las diferencias de caracter y temperamento, pero también literarias entre Hidalgo y Guillén. Yo siento un gran aprecio por Alfonso Reyes y su ingente obra. Será este el cuarto volumen de sus epistolarios que yo edite: ya di a luz su correspondencia con Guillermo de Torre (Valencia, 2005), con Vicente Huidobro (México, 2005), y con Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Macedonio Fernández y Evar Méndez (Madrid, 2010). Planeo además las ediciones en sendos volúmenes de su intercambio con Ramón Gómez de la Serna y con José Ortega y Gasset.

8. ¿Cómo definirías a Alberto Hidalgo? ¿Qué opinión te merece su obra?
Como ya di a entender en un pasaje anterior de esta entrevista, no soy devoto de la obra de Hidalgo, pero sí respeto su constancia y su laboriosidad. De entre sus trabajos, me quedo con las prosas y, sobre todo, con sus inefables libelos.
Por mi parte, sigo estudiando su obra con gusto y provecho, y escribo de vez en cuando sobre ella.