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domingo, 9 de enero de 2011

¿QUE ES EL SIMPLISMO?





¿QUE ES EL SIMPLISMO? Por Carlos Arturo Caballero Medina

Por Carlos Dearma / Carlos Arturo Caballero Medina ha dejado una reseña biográfica en su blog "Naufrago digital" que describe brevemente vida y obra, (la reproduzco aquí para ustedes): "Licenciado en Literatura y Lingüística por la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Ha dirigido la revista de literatura Náufrago (2004) y dirige la revista de investigación Letras del Sur. 

También, ha publicado ensayos de investigación en revistas académicas locales y en el extranjero vinculados a la obra de Mario Vargas Llosa. Además administra los blogs Letras del Sur y Náufrago digital en los cuales aborda temas sobre cultura y política. Actualmente, ejerce la docencia universitaria en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y en la Universidad Privada del Norte." (pueden encontrar los vinculos a ambos blogs en nuestros enlaces recomendados)

Caballero Medina gentilmente nos ha cedido la posibilidad de reproducir un trabajo propio sobre Alberto Hidalgo titulado: "¿Que es el Simplismo?" en donde aborda esta particular interpretacion de la poesia por parte del joven Hidalgo. Desde aqui le enviamos nuestro saludo y agradecimiento a Carlos Arturo por su colaboracion con el blog.


¿QUE ES EL SIMPLISMO?(Fragmento)
Por Carlos Arturo Caballero Medina

I

En 1925, en la ciudad de Buenos Aires, el poeta arequipeño Alberto Hidalgo publicó un poemario-manifiesto titulado Simplismo, en el cual expuso sus reflexiones acerca de la poesía y el arte, dando forma a una teoría poética muy particular que tuvo como principal objetivo liberar a la poesía de todo aquello que obstaculizara su comprensión. 

Frecuentemente, al encontrarse con un “ismo” se suele indagar sobre su iniciador, principios, seguidores, influencias y su vigencia. Es preciso decir que el Simplismo no tuvo seguidores que pudieran sistematizar, refutar, replantear o profundizar los postulados de Alberto Hidalgo ; no inició una escuela o movimiento y tampoco es notable su influencia en la poesía peruana ya que no existen poetas que abiertamente hayan hecho suyos los principios estéticos que propuso el poeta arequipeño trasladándolos a sus propias obras. “El simplismo nace y muere bajo el auspicio solitario de un solo nombre: Alberto Hidalgo ”.

La aspiración de ver al Simplismo convertido en una corriente de gran influencia, no creo que a Hidalgo le preocupara tanto, porque más interesado estaba en la proyección de su individualidad creadora —tanto en lo teórico como en lo artístico— que en la difusión de una teoría estética que al final superó evolucionando hacia una expresión menos extremada. 

Pero esto no debe ser un obstáculo para abordar al Simplismo ni se le debe descalificar como un proyecto fracasado porque esto no brinda una explicación de la estética hidalguiana. Hoy se hace necesario examinar sus postulados a la luz de lo que significó dentro del proceso del vanguardismo en el Perú, haciendo un balance de su aplicación dentro y fuera de la obra de Hidalgo. 

Para ello, mi primer objetivo es caracterizar la poética de Hidalgo para luego describir y explicar qué es el Simplismo.

(...)

III

El simplismo: un tratado de estética
El libro Simplismo. Poemas inventados por Alberto Hidalgo, se inicia con un prólogo del autor titulado “Invitación a la vida poética”, conformado por 30 apartados, numerados desde el cero (0) al 29. Hidalgo define su prólogo como un tratado de estética cuyos apartados a pesar de estar dispersos, guardan relación temática entre sí, mas no una secuencia lógica. 

Sucede que de un apartado a otro salta de tema en tema, luego los retoma avanza y vuelve a regresar. Anticipa que la participación del lector es necesaria para integrar estos apartados dispersos, es el lector quien tiene que vincularlos y él lo ha dispuesto así porque es “enemigo de lo metódico ”. 

El poeta acompaña al lector en su lectura interactiva con el poema, para esto, que según Hidalgo no tiene precedentes, es necesario que el lector se familiarice con el Simplismo antes de leer los poemas simplistas; este es el primer objetivo de su “invitación”. 

Manifiesta ser “enemigo de lo metódico”, por eso los temas se encuentran dispersos para que el lector los integre. Sin embargo, deliberadamente o no, su “invitación” al lector sirve como una entrada previa al texto donde pretende conducir la lectura, y como tal bien puede ser entendido este prólogo como una aproximación metodológica al simplismo.

Imagen y metáfora

A la concepción de la poesía como el arte de pensar en imágenes, Hidalgo propone entender la poesía como el arte de pensar en metáforas. Le añade a esta noción su particular atracción por el individualismo artístico, porque concibe el arte como personal, independiente de las poéticas antiguas y tradicionales.

A lo largo de su exposición desarrolla una serie de oposiciones. La primera es la oposición imagen/metáfora. Descarta la imagen como recurso poético. La poesía no es el arte de pensar en imágenes sino en metáforas: “La poesía es la metáfora. La metáfora es toda la poesía”. No hay poesía fuera de la metáfora.

 Esto lo explica a través del carácter simbólico del signo. Hay que volver al origen y la palabra es el origen de la poesía. Las palabras están compuestas por letras, y las letras son signos. “Signos: lo que representa alguna cosa distinta de sí, cualquier carácter simbólico o cosa parecida ”. 

La palabra es simbólica, el lenguaje es todo simbólico, allí radica su capacidad creativa, no aludiendo directamente a algo. Se distingue el objeto, la cosa en sí, del nombre que lo identifica. 

En este sentido toda palabra al designar un objeto que está fuera de ella, es una metáfora. La palabra es una representación de algo que está más allá y nuestro contacto con la realidad esta mediatizado por la palabra, es decir por el lenguaje. 

Entonces el lenguaje no representa directamente la realidad sino que la crea y recrea porque no puede dar cuenta de ella completamente.

Estamos atrapados dentro del lenguaje.


Letras ---


METÁFORA


Diferencia entre imagen y metáfora: la imagen es una representación o imitación de un objeto; la metáfora convierte al objeto en arte porque amplifica la gama de significados posibles del objeto una vez integrado al lenguaje. 

El objeto entra al orden simbólico desde que el lenguaje lo nombra. El objeto y el signo que lo representa, son distintos. El poeta es un fabricante de metáforas, esa debe ser su mayor aspiración.

Oposición poesía/literatura: la literatura es el género mayor. Hidalgo asigna una mayor jerarquía a los poetas por encima de los novelistas, dramaturgos y por extensión, de los críticos: “Los literatos —la poesía no es literatura— son los mejores clientes de los poetas ”, necesitan de ellos porque la poesía les brinda las metáforas. 

A su entender los otros géneros son parásitos de la poesía porque históricamente la han estado imitando. 

En el caso de la crítica literaria, los críticos necesitan de los poetas, recurren a ellos para justificar su actividad.

Otro recurso para la creación poética son las pausas. La pausa no es un mero estado psicológico sino la llave con la cual el poeta abre las puertas del infinito para que el alma del lector entre en él. 

El poeta guía al lector a través de los versos y las pausas tienen como finalidad que el lector medite y reflexione solo frente al verso. Verso y pausa son ambos elementos constitutivos del poema. 

El poema simplista es una continuidad, por ello las estrofas desaparecen. Las pausas no separan versos sino que los unen.


En la Imagen Carlos Arturo Caballero Medina

Las letras: materia prima del escritor

Hidalgo manifiesta que la mayoría de poetas desconocen cuál es su herramienta de trabajo. “Las letras son la materia prima del escritor” (p.7). Las letras requieren de un experto que sepa utilizarlas. El poeta es un artesano de la palabra. 

Hidalgo afirma que nadie se ha dedicado a desentrañar (como un científico con su objeto de estudio) la naturaleza de las letras, han pasado por alto la importancia del alfabeto. 

El poeta les atribuye a las letras una cualidad animista; son para él seres vivos porque producen y reproducen metáforas. “Las letras son en fin de cuentas, unos simples gusanos. Solo que unos gusanos, unas lombrices inteligentes ”.

Metafóricamente, explica quiénes son los más idóneos para utilizar las letras. Lo hace a través de la idea de jerarquía y clase:

a) En toda sociedad hay clases: cosas, animales, hombres y estos a su vez se pueden clasificar.

b) En los gusanos (especie de sociedad compuesta por letras) hay clases: el pueblo los conforman los gusanos que se alimentan de la tierra, raíces y plantas); la burguesía, la conforman los gusanos que se alimentan de cadáveres más por satisfacción intelectual y espiritual que por placer alimenticio; y la aristocracia la conforman los gusanos selectos, notables e ignorados por desconocimiento de sus cualidades creativas que para nada los convierten en signos convencionales.

Hidalgo plantea que la facultad de creación de la palabra no debería otorgarse a sujetos incompetentes que utilicen las letras para crear barbaridades porque ese mal uso “humilla” a las letras, sus gusanos inteligentes.

“Así como a los enfermos de enfermedades vergonzantes o incurables no se les consiente en los países cultos el derecho a la procreación, así debería legislarse la libertad de escribir, de modo que los imbéciles no pudieran dar a luz gusanos inteligentes, es decir, letras. ¡Eso también sería humanitario!” .

Conclusión: las letras, metafóricamente, poseen vida como los hombres y animales porque al combinarlas crean palabras, estas a su vez, versos que se convierten en metáforas lo cual es signo de la existencia de poesía.

Rechazo a la musicalidad

Dentro de la estética simplista, poeta es todo aquel que hace versos, en tanto se entienda un verso como la unidad que estructura una metáfora. 

Hidalgo cuestiona que a hasta el momento de su manifiesto simplista, los poetas hayan escrito versos. Considera que lo que se ha venido escribiendo no son versos sino música. 
Atribuye a la madurez del artista la capacidad de engendrar buena poesía, desafiando el precepto tradicional de que la juventud es la mejor etapa para escribir poesía porque para crear versos es indispensable que el poeta haya acumulado experiencias. Madurez de espíritu, no madurez biológica. 

El momento mundial en que está desarrollando su nueva estética lo califica como el más apropiado puesto que la historia mundial ha acumulado la suficiente cantidad de experiencias para que los poetas aparezcan.

Hidalgo se rebela contra la estética modernista cuando sostiene que la poesía es superior a la música porque requiere de mayor trabajo y porque aparece luego de un largo proceso de maduración: con la música de pueden crear chillidos, pero no con la palabra.

“Los versos corrientes son pensamientos musicales, música en verso, mas no poesía (…) los versos deben estar hechos de metáforas” (…) “ley del verso: el verso debe estar hecho únicamente de palabra y todo valor extraño que intervenga en él, lo empequeñece y desvirtúa” (…) “Poesía y música son antagónicos. No pueden estar juntas sin hacerse daño la una a la otra ”.

La diferencia esencial que Hidalgo destaca entre música y poesía es que la primera es material y sensorial, mientras que la segunda pertenece al plano de lo metafísico: no desaparece aunque no la percibamos.

Poesía y simplismo

Según Hidalgo, el simplismo desnuda a la poesía de aquellos elementos que la opacan: retórica, ritmo, lógica, composición, rima que dentro de la poesía simplista no son fundamentales sino secundarios. Dentro de esta concepción, la poesía es superior a otras artes como la música y la pintura por las siguientes razones:

a) Naturalidad: no necesita de ningún recursos externo para producirse

b) Originalidad: la palabra es un elemento original

c) Personalidad: la palabra es un sello distintivo de la individualidad y de la independencia del poeta.

Hidalgo proclama a Rimbaud, dentro de la tradición poética universal, como un punto de quiebre entre lo que denomina la Edad de Piedra, que abarca desde Homero hasta Víctor Hugo y la época actual signada por el influjo de Apollinaire. 

En este sentido, critica a los artistas “troglodíticos” cuyos criterios se imponen en los medios culturales impidiendo la comprensión de un arte nuevo .

La propuesta más relevante del simplismo hidalguiano es la del individualismo y originalidad que se corresponden con la introducción de la nueva estética del vanguardismo. 

Plantea que “La originalidad es la base primaria e imprescindible de toda obra de arte. No es posible la imitación. El artista no debe tener antecesores ”. 

En consecuencia, el artista debe dejar su personalidad impregnada en su obra de arte. Esto asegura su inmortalidad. Hacer suyo el arte, apropiarse de él. Romper con los antecesores para ser libre y original. Originalidad que radica en la creación de un objeto nuevo.

Respecto a la teorización, las ideologías o los manifiestos políticos estos deben ser canalizados por medio de otros géneros. 

El poeta debe dedicarse absolutamente a la poesía, comprendida como búsqueda de la perfección. Vista así, la finalidad de la poesía simplista es la creación estética y por ello no debe utilizarse para difundir ideologías o tesis, ni como denuncia social:

 “El poema no debe ser nunca un arma. La prédica nada tiene que ver con él. Yo no tolero la poesía de tesis, el arte social, soñado por Tolstoi ”. 

Descontextualización total de la creación poética, o en términos de Ortega y Gasset, deshumanización del arte. Solo el poeta y su poesía: “El ambiente debe ser extraño a la obra de arte ”. En relación con esto, Hidalgo establece una distinción entre el artista objetivo y el artista descriptivo, cuya diferencia es que el primero es un creador y el segundo un imitador. 

Al explicar la objetividad en la poesía, sostiene que toda poesía es objetiva porque el poeta se sirve de lo que “ve” ya sea dentro o fuera de sí mismo. 

De esta manera Hidalgo deconstruye la oposición objetividad/subjetividad ya que la posición del sujeto frente al objeto, si su conciencia creadora se dirige a lo exterior o al interior, determinará el grado de objetividad/subjetividad de su poesía. 

Hidalgo lo explica así: “La poesía es objetiva y subjetiva”. Por otro lado, el naturalismo es írrito al simplismo: “El simplismo no es descriptivo. Todos mis paisajes son paisajes imaginarios (…)”

Cabe resaltar que tales preceptos fueron abandonados por el propio Hidalgo porque en los poemarios posteriores, su práctica poética contradice radicalmente lo expuesto en su tratado de estética simplista. 

Tres años después de la publicación de Simplismo (1925), apareció Descripción del cielo (1928) que reúne poemas que distan mucho de este aislamiento de lo social, de la poesía de tesis y de la ideología política.

La crítica a la elitización y al didactismo en el arte son también materia de discusión del simplismo. El arte de la alta cultura le resulta fosilizado porque el artista culto está atrapado en la élite y se conforma con el saber que reproduce. 

Se le opone un saber de la ignorancia que en cambio es espontáneo en su necesidad de conocimiento porque se nutre de sus experiencias, es libre e inteligente porque es susceptible de buscar nuevos horizontes. “El simplismo quiere para sí un público de ignorantes, a condición de que sean inteligentes ”. 

El simplismo no es elitista, mejor si fuera conocido por todos. En cuanto al didactismo, Hidalgo afirma que el arte no se puede enseñar, pues el verdadero artista es su propio maestro, ya que aprende solo.

IV


Simplismo. Poemas inventados por Alberto Hidalgo, discute las ideas de una nueva concepción estética de la poesía sustentada en la búsqueda de originalidad, individualismo y ruptura con la tradición, tesis que no difieren de las propuestas de los movimientos de vanguardia europeos de las primeras décadas del siglo XX. 

En el prólogo a los poemas simplistas, Alberto Hidalgo plantea una serie de propuestas para ilustrar al lector antes de que éste se enfrente a la lectura de los poemas simplistas. 

Tales propuestas sintetizan el simplismo como: a) un tratado de estética, 

b) búsqueda de originalidad, 

c) adecuación de la ruptura vanguardista frente la tradición a un proyecto individual libre del influjo de un colectivo que imponga saberes previos, 

d) confrontación de las oposiciones: imagen/metáfora; poesía/literatura; poeta antiguo/poeta moderno, antiguo/contemporáneo; moderno/retardatario; arte culto/arte ignorante; arte de élite/arte de masas, 

e) naturalidad, originalidad y personalidad propia como características distintivas de la poesía y uso de la metáfora y de las pausas como recursos creadores, 

e) oposición radical al didactismo y a la poesía social o de tesis y 

f) lectura interactiva, la finalidad del prólogo es orientar al lector para que comprenda la novedad de los poemas simplistas.

Las principales contradicciones que encuentro en el discurso simplista son básicamente dos: 
a) el planteamiento de una estética desideologizada es inviable puesto que lo político o lo social, forman solo una parte de la noción de ideología. Lo cultural y lo artístico también se inscriben dentro de la noción de ideología; y 

b) las tesis simplistas no trascendieron a otros poemarios de Hidalgo donde es evidente su compromiso con ideologías políticas radicales y con el imaginario nacional peruano y regional de su ciudad natal.

¿Qué es el simplismo, entonces? Ensayo una particular definición: búsqueda de originalidad basada en el individualismo creador, simplificación del lenguaje poético y deselitización sociocultural del concepto de vanguardia.



jueves, 4 de noviembre de 2010

ENTREVISTA A CARLOS GARCIA (HAMBURG)



Con un atraso motivado por cuestiones personales tengo ahora el gusto de publicar una nota a Carlos Garcia (Hamburg). Carlos es un estudioso de la obra de Alberto Hidalgo, con una larga trayectoria literaria. Agradezco a él su colaboracion con el blog y pido disculpas por este retraso en una nota que habiamos prometido para el mes de agosto pasado.

Carlos antes de comenzar con las preguntas sobre Alberto Hidalgo, quería pedirte algunas respuestas acerca de tu labor profesional y literaria:

1. Naciste en Buenos Aires y podemos decir que es una ciudad con mucha literatura: ¿Cuándo surgió tu interés por la literatura? ¿Qué autores leías? ¿Publicaste tus primeros trabajos allí?

Siempre fui un lector, especialmente de prosa: desde los libros de aventuras de la infancia, hasta las novelas, los cuentos y libros de investigación o manuales casi sobre cualquier tema, primero provenientes de la bien surtida biblioteca paterna, luego de la propia. En Buenos Aires trabajé, además, algunos años como librero, con pasión.
Escribo desde los 16 años. Comencé, como otros jóvenes, con poemas y cuentos. Produje, además, seis novelas, que jamás mostré a nadie, porque no eran buenas. Ahora lamento haberlas destruído: tendrían al menos un curioso valor testimonial.
En cuanto a mis lecturas de joven y adulto, fui un snob, quizás por haber sido educado en una escuela inglesa: leí casi todo lo que venía de Europa occidental (en especial, Inglaterra y Francia, sobre todo los clásicos), y poco de lo producido en Argentina, con excepción de Cortázar, Arlt y algún otro. A Borges lo descubrí ya veinteañero, por casualidad: una amiga de mi padre perdió un libro de Hermann Hesse que yo le había prestado, y a cambio me dio Discusión. A partir de ese momento me convertí en un lector de Borges, cuya vida y obra estudiaría más tarde.
Mi primera publicación tuvo lugar en 1995. Se trataba de un cuento titulado “Peligrosa afinidad”, que adoptó generosamente la revista Proa (tercera época).
A partir de allí, sólo publiqué artículos, ensayos y libros en diversos países: Argen¬¬tina, México, España, Brasil, Uruguay, Dinamarca, Estados Unidos... En total, publiqué en los últimos 15 años unos 150 títulos, de los cuales 13 son libros. En Madrid soy, además, uno de los redactores que hacen la revista Boletín RAMÓN, fundada y dirigida por Juan Carlos Albert, dedicada exclusivamente a comentar vida y obra de Ramón Gómez de la Serna.

2. Vivís actualmente en Alemania: ¿Por qué esa elección? ¿Tuvo la “mudanza” que ver con tu labor literaria?

La mudanza no tuvo lugar por cuestiones literarias. Abandoné Argentina en 1977, asqueado ante la realidad política, social y cultural, luego de que una banda de ineptos, asesinos y chupacirios se alzó con el poder en 1976.
Pasé de Buenos Aires a España. Tras vivir allí dos años me radiqué en el norte de Alemania, donde vivo desde 1979. Hacia esta tierra, que originalmente no había figurado en mis planes (Europa era para mí apenas España e Italia, por cuestiones familiares, y Francia e Inglaterra por cuestiones culturales), me trajo una relación amorosa. Esa relación fracasó poco después, pero otras me retuvieron aquí. Vivo, perfectamente integrado y con dominio absoluto del idioma, con mi mujer alemana y sus hijos; tengo, además, una hija propia de otra relación, que ahora vive y estudia en Viena.
Desde el punto de vista literario, debo hacer algunas precisiones. Por un lado, yo no vivo, no podría vivir de lo que escribo. Para subsistir debo trabajar en cosas ajenas a la literatura. Pero Alemania permite al menos eso: trabajo sólo 35 horas por semana, y ello me da la holgura necesaria para dedicarme por las noches y durante los fines de semana a escribir.
Pero el país que, quizás sin saberlo, hizo más por mí desde el punto literario es España. Lo cultural es allí apoyado por instituciones estatales de una manera que, a pesar de lo perfectible que pueda ser, debería servir de modelo a otros países, incluída la Argentina. Casi todos los libros míos aparecidos en España pudieron hacerlo porque el Ministerio de Cultura aportó un subsidio; de otro modo, las editoriales no podrían publicar esa clase de libros, que no se amortizan o lo hacen, a lo sumo, a muy largo plazo.

3. Sé que has realizado trabajos de investigación sobre Borges y Macedonio, autores que, podemos decir, son muy visitados por los investigadores. Sin embargo, tú has elegido facetas poco tocadas: ¿Podrías ampliarnos un poco la información acerca de esos trabajos?

En mi opinión, la mayor parte de los libros que se escriben sobre Borges son superfluos: unos copian más o menos aplicadamente lo que otros dijeron, o se limitan a repetir lo que dijera Borges. Si bien ha comenzadoa cambiar, eran muy pocos los autores que tomaban a Borges, no como objeto de veneración, sino de estudio. Yo aspiro a enrolarme en las filas de quienes se dedican a lo segundo, y hacer allí un aporte propio. Soy uno de los primeros que se acercó a Borges con una mirada filológica, de los que investigaron en las condiciones de producción y en su entorno literario. Por otro lado, advertí que la mayor parte de quienes escriben ensayos sobre la obra de Borges apenas se han tomado el trabajo de investigar en archivos, institucionales o privados; yo preferí seguir ese camino. Ello me permitio descubrir algún que otro texto, y acceder a numerosas cartas de Borges. Publiqué ya varios de esos epistolarios, en ediciones comentadas: con Jacobo Sureda y Maurice Abramowicz (Cartas del fervor, 1999), con Macedonio Fernández (Correspondencia Macedonio-Borges, 2000), y recientemente con el mexicano Alfonso Reyes (Discreta efusión, 2010). Para mi uso personal tengo hechas muchas otras ediciones comentadas de epistolarios borgesinos, que quizás alguna vez pueda dar a luz.

4. El peruano Alberto Hidalgo es un personaje que eligió Buenos Aires para vivir. ¿Por qué y cuando apareció tu interés por “Alberto Hidalgo” como tema de estudio e investigación?

Llegué a Hidalgo, como a muchos otros temas y autores, a través de Borges. Recuérdese que se atribuye a ambos, junto al chileno Vicente Huidobro, la edición de una antología poética, titulada Índice de la nueva poesía americana (1926). Demostré en mi trabajo “El Índice de Hidalgo” que esa compilación es obra exclusiva del peruano. Mi investigación al respecto iba a formar parte de una reedición comentada y anotada de la antología, que debía publicarse en España a cargo de Juan Manuel Bonet. Pero la editorial decidió renunciar al proyecto. Me alegra que, al menos, se disponga ahora de la reedición hecha por la librería anticuaria Sur, de Lima, aunque ese libro hubiera merecido varias notas, de las que desafortunadamente carece.
Aunque ese proyecto fracasó, y como paralelamente entré en contacto con Álvaro Sarco, me entusiasmé por investigar a fondo vida y obra de Hidalgo. Como producto de ese interés, aporté una nota sobre el cuento “El plagiario” a la reedicón de Los sapos y otras personas (2005), seis ensayos y una extensa bibliografía para el volumen colectivo El genio del desprecio (cuyo título propuse al editor) y obtuve para ese libro colaboraciones originales de los argentinos Martín Greco, Sergio Baur, May Lorenzo Alcalá y Ariel G. Fleischer, así como del mexicano Evodio Escalante. Recientemente dí a luz en Madrid una reedición de España no existe (2007) y preparo, como ya dije, la edición comentada de su epistolario con Reyes, que saldrá en México y / o en Perú. Preparo también una exhaustiva bibliografía suya, que consta ya de varios centenares de títulos. Si a ello se agrega que planeaba un libro sobre Hidalgo en conjunto con Martín Greco, se podrá deducir mi interés en él y su obra. A decir verdad, el mayor aliciente para ello era precisamente la falta de estudios y el desconocimiento, por parte del público, de su vida y obra. Al trabajar dejo siempre de lado mis gustos personales, que van en direcciones diferentes a lo hecho por Hidalgo.

5. He leído un artículo de Ariel Fleischer sobre Hidalgo titulado “Un vanguardista peruano en las pampas” (quizás tú lo conoces); tú también has estudiado al “joven” Hidalgo. ¿Qué opinión te merece a ti este mote de “vanguardista” en Hidalgo? ¿Qué cualidades debería reunir un artista de vanguardia? ¿Qué rastros de esta actitud de “vanguardia” podemos encontrar en el Hidalgo de los años adultos?

Sí, conozco el trabajo de Ariel Fleischer, a quien gané para el volumen El genio del desprecio, donde publicó un interesante ensayo sobre Hidalgo el poeta argentino Bernardo Horrach.
A riesgo de atraer ciertas iras, y a pesar de que soy, con Dieter Reichardt, autor de una obra standard sobre la literatura de vanguardia en Argentina, Uruguay y Paraguay, diré que creo que no hubo en Hispanoamérica una vanguardia en el sentido en que sí la hubo en Europa. La nuestra es, por un lado, derivada de la europea, y por otro “contaminada” con lo autóctono (criollismo, negrismo, indigenismo, etc.). de modo que, si acaso, sólo puede hablarse de una vanguardia sui generis.
Hidalgo fue, a pesar de algunas ínfulas que parecían entroncarlo con el futurismo de cuño marinettiano, en sus comienzos apenas un tardomodernista. Ninguna de sus realizaciones posteriores lo llevó más allá de lo que se hizo en Francia, Italia, España o Argentina. Lo que de vanguardista tenía Hidalgo se agotaba más bien, a mi entender, en el gesto, en la pose, que es lo que conservó hasta el final. Ello no quiere decir que su obra no merezca atención y estudio: una trayectoria literaria de más de 50 años merece mi mayor respeto, y lo obtiene.

6. A decir de su compatriota Álvaro Sarco, Hidalgo es un autor poco leído actualmente y, le agregaría, casi olvidado, por lo menos en la Argentina: ¿Qué repercusión tuvo tu trabajo sobre “España no existe”? ¿Qué te “interesó” sobre el mismo?

En efecto, Hidalgo está olvidado en Argentina. Apenas algunas de las nuevas reeediciones, así como las publicaciones del amigo Sarco y de alguno de mis trabajos están haciendo algo por su recuperación. Pero estas publicaciones han tenido poco impacto en Argentina. Descontando la falta de interés general por cuestiones de la historia literaria, a Hidalgo lo perjudicó su carácter, pero también el hecho de haber sido, siquiera por un tiempo, antisemita y fascistoide, según mostró mi amigo y colega Martín Greco en un excelente ensayo recogido en El genio del des¬precio.
En cuanto a mi reedición de España no existe, no he recibido aún ninguna liquidación de la editorial española-alemana, pero calculo que se habrán vendido unos 500 o 600 ejemplares. La cantidad muestra la desproporción entre el interés que reciben estos proyectos y su importancia intrínseca.
Ya que hablamos de ese libro, no estará de más mencionar que incluí en él no sólo el texto España no existe, de 1921, sino además todos los pasajes relacio¬nados con autores españoles procedentes de otro libro de Hidalgo: Muertos, heridos y contusos (1920). De mi propia cosecha agegué “Ubicación de Hidal¬go”, “Notas sobre España no existe”, “Alberto Hidalgo y Guillermo de Torre (1920-1933)” y una versión actua¬lizada de “El Índice de Hidalgo”.
A mí me interesó el proyecto, más que nada, porque permitía vislumbres intere¬santes en la época (1920-1921) que yo venía estudiando desde otras perspectivas, relacionadas con el joven Borges, con el ultraísmo español y con la trayectoria de Guillermo de Torre.

7. Sé que trabajaste sobre la correspondencia entre Hidalgo y el mexicano Alfonso Reyes. ¿Podrías ampliarnos un poco sobre este punto?
El intercambio epistolar conservado entre Reyes e Hidalgo es relativamente exi¬guo, consta de pocas cartas, pero trasunta un profundo malentendido y disgusto entre ambos. Se habla a menudo de Alberto Guillén como imitador de Hidalgo. El volumen que estoy preparando se titulará “Cartas peruanas”, y contendrá las misivas intercambiadas por Reyes tanto con Hidalgo como con Guillén. De modo indirecto, se podrán apreciar en ese trabajo las diferencias de caracter y temperamento, pero también literarias entre Hidalgo y Guillén. Yo siento un gran aprecio por Alfonso Reyes y su ingente obra. Será este el cuarto volumen de sus epistolarios que yo edite: ya di a luz su correspondencia con Guillermo de Torre (Valencia, 2005), con Vicente Huidobro (México, 2005), y con Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Macedonio Fernández y Evar Méndez (Madrid, 2010). Planeo además las ediciones en sendos volúmenes de su intercambio con Ramón Gómez de la Serna y con José Ortega y Gasset.

8. ¿Cómo definirías a Alberto Hidalgo? ¿Qué opinión te merece su obra?
Como ya di a entender en un pasaje anterior de esta entrevista, no soy devoto de la obra de Hidalgo, pero sí respeto su constancia y su laboriosidad. De entre sus trabajos, me quedo con las prosas y, sobre todo, con sus inefables libelos.
Por mi parte, sigo estudiando su obra con gusto y provecho, y escribo de vez en cuando sobre ella.

lunes, 16 de agosto de 2010

HIDALGO SOBRE PREMIOS Por CARLOS GARCIA (HAMBURG)



Por Carlos Dearma / Carlos Garcia (Hamburg)nacio en Argentina. Como escritor e investigador ha colaborado en revistas y editado varios libros. Publico 150 trabajos de critica literaria, dando luz a facetas poco estudiadas de Borges, Macedonio y otros escritores: Entre ellos Alberto Hidalgo. Como un adelanto de la entrevista que dio a este blog (proximamente saldra por aqui)y gracias a su colaboracion, tenemos el gusto de publicar uno de sus trabajos sobre Hidalgo titulado: Hidalgo sobre Premios.


Hidalgo sobre Premios Por Carlos García (Hamburg)

A Susana
Gracias a algunas publicaciones de los últimos años, es bien conocido, entre tanto, el genio desplegado por Alberto Hidalgo a la hora de fustigar o calumniar a alguien.
Mediante esta nota deseo presentar un caso poco difundido, que rezuma menos violencia que ironía.
Aludo a “Crítica de los Premios Municipales”, que Hidalgo publicó en el primer número de Pulso. Revista del arte de ahora.
De esa publicación, fundada y dirigida por Hidalgo en Buenos Aires, aparecieron en total 6 números entre junio y diciembre de 1928.
Colaboraron en ella Antonio F. Ardissono, Roberto Arlt, Alfredo Brandán Caraffa, Bernardo Canal Feijóo, Macedonio Fer¬nández, Eduardo Gon¬zález Lanuza, Raúl González Tuñón, Homero M. Guglielmini, Alberto Hidalgo, Ilka Krup¬kin, Leopoldo Marechal, Carlos Mastronardi, Ricardo E. Molinari, Nicolás Olivari, Roberto A. Ortelli, Alfonso Reyes, Manuel Rodeyro, Erwin F. Rubens, Raúl Scalabrini Ortiz, Fernán Silva Valdés, Amado Villar, Lizardo Zía y otros. Las ilustraciones estaban a cargo de J. Bonomi y Carlos Pérez Ruiz.
No está de más mencionar que la revista se imprimió en los talleres de la Sociedad de Publicaciones “El Inca”, que pertenecía a Roberto A. Ortelli y Roberto Smith.
Antes de reproducir el texto de Hidalgo, aparecido en Pulso 1, julio de 1928, página 15, conviene hacer algunas breves acotaciones que faci¬litarán su comprensión:
Los Premios Municipales del año 1927 en el rubro poesía fueron otorgados a Ezequiel Martínez Estarada por Argentina, a Tomás Allende Iragorri por La Transfiguración y a Horacio Ángel Schiavo por Aventura. En el rubro prosa se premió a Aníbal Ponce por La vejez de Sarmiento, a Álvaro Melián Lafinur por Las nietas de Cleopatra y a Leónidas Barletta por Royal Circo.
Hidalgo sería, junto a Roberto A. Ortelli, Arturo Cancela y otros, miembro del jurado que otorgaría posteriormente (en 1930) los premios municipales.

Carlos García
(Hamburg, 14-VIII-2010)


En las fotos Carlos Garcia (Hamburg)

[Alberto Hidalgo]
Crítica de los Premios Municipales
Por Alberto Hidalgo / Yo soy un hombre de mi tiempo. Es decir, un hombre en quien el estilo de la inteligencia, o sea la manera de pensar, sufre las sugestiones del momento. Hasta ahora he creído que los premios literarios debían ser otorgados por jurados compuestos exclusivamente de literatos. Desde hoy, ya creo prescindible tal condición. Los últimos premios municipales son la causa del cambio.
Este año, el tribunal edilicio ha estado formado por gente casi toda agena [sic] a las letras. Que yo recuerde, sólo había dos miembros ligeramente ligados con cosas de la pluma: el Sr. Alfredo Bianchi, ad¬ministrador, mejor dicho, gerente de la literatura de la generación a la que hemos pateado el nido; y el Sr. Mariano Antonio Barrenechea, ex-director, filósofo de menor cuantía, e ignorante confeso de asuntos literarios. Y sin embargo ese jurado ha otorgado admirable¬mente los premios. Vamos al grano.
El primer premio, a Ezequiel Martínez Estrada, no puede ser más justo. Su libro Argentina es indudablemente un libro escrito con un porpósito pequeño: el de conquistar voluntades explotando los sentimientos patrióticos. Muchas de sus páginas están vacías a causa de eso: la ocasionalidad del motivo, lo subalterno del anhelo. Pero así y todo, tiene poemas cabales, entre los cuales hay uno, admirable, admirabilísimo, el de la vaca, “en cuyas cuatro patas reposa la arquitectura”. Martínez Estrada es de entre los poetas argentinos que en el sector de izquierda llamamos “pasatistas” el mejor de todos: mejor que Pedroni, mejor que Tallón. Y esto es mucho.
El segundo premio, a Tomás Allende Iragorri no está tampoco mal. Pudo premiarse a Molinari, con quien no resiste la comparación. Pero también pudo premiárselo a él, como se le premió. No ha escrito nada para el recuerdo. Mas sus cosas no son definitivamente mediocres, y hasta se le ve lleno de grandes intenciones. Además, tiene una cara de ángel gordo que clama [a]l cielo. Tres mil pesos lo son.
Y el mejor premio es el tercero. Los premios son pocos. El jurado, sabiéndolo, ha pensado repartirlo. Ha premiado a Horacio Schiavo, lo que es premiar a dos: a él y a Marechal, su maestro. Schiavo queda con los pesos, Marechal con el honor. El jurado no es culpable de que Marechal no haya presentado libro a su dictámen. En este sentido, el veredicto es equitativo. Claro que hubiera sido más hermoso que Schiavo dividiese salomónicamente los dos mil pesos con Marechal. Pero se me ocurre un argumento. De acuerdo con esto último, algunos autores que han obtenido premios en años pasados, de tener que compartirlos con sus progenitores, es casi seguro que al fin de cuentas no se quedarían sino con centavos. Desde luego, todo nos autoriza a creer que si Marechal hubiese publicado este año algún libro, el jurado le habría dado por lo menos lo que a Schiavo le dió. Al fin y al cabo, ha demostrado su buen gusto. El premio ha sido a la poesía “de” nuestro compañero por intermedio de una de sus buenas realizaciones. Pues es urgente dar esto por sentado: que Aventura no es una peor imitación de Días como flechas... Alberto Hidalgo

martes, 10 de agosto de 2010

ENTREVISTA A ALVARO SARCO (Segunda parte)



Por Carlos Dearma / A continuación tengo el gusto de publicar una entrevista a Álvaro Sarco en la que se extiende por la obra de Alberto Hidalgo. Hace unos años solo una parte de esta entrevista salio en un diario del Perú: Hoy y gracias a la amabilidad de Álvaro podemos leerla en su totalidad.

Genio y figura de Alberto Hidalgo (En la foto con su esposa Elisa Dearma)


DIÁLOGO CON ÁLVARO SARCO


¿Cuál fue la trayectoria de Alberto Hidalgo?

- Esta es una interrogante que exigiría una vasta respuesta. Me limitaré a señalar algunos hitos de su itinerario literario. En 1916, con la aparición de su poemario “Arenga lírica al emperador de Alemania. Otros poemas”, plasma por vez primera en el Perú ciertos elementos temáticos del futurismo italiano; la vindicación de la máquina, la fuerza entendida como expresión de una “voluntad de poder”, y la guerra como “eugenesia de la humanidad”. 

Así, no pocos críticos consideran a Hidalgo el introductor del futurismo –y con ello de la vanguardia- en el Perú. Pero es necesario precisar que juntos o insertos en los primeros poemas de ribetes futuristas hidalguianos, aparecen líneas o sonetos de estética modernista, de modo que el futurismo que ensayó Hidalgo en 1916, aún era un híbrido, una aproximación más bien superficial al movimiento de Marinetti.

En 1917, Hidalgo publica en Lima “Panoplia lírica”, poemario que contiene un extenso e interesante prólogo de Abraham Valdelomar. El espaldarazo del iqueño le permitió cierta presencia en el circuito literario limeño.

Pronto, sin embargo, debido a los libelos que publicó en 1916 en “Hombres y bestias” y en otras publicaciones periódicas, Hidalgo cosechó nutridos e influyentes detractores como Clemente Palma. Quizá básicamente por ello, Hidalgo viajó a Buenos Aires a finales de 1919. 

En 1920 visitó España, participando en las principales “peñas literarias”, en boga por entonces. En la peña del “Pombo” hizo migas con su director, Ramón Gómez de la Serna. De vuelta a Buenos Aires, participó notoriamente en el desarrollo de la vanguardia argentina, tanto como creador como animador literario.

En 1925 publicó su poemario “Simplismo”, que proponía su “ismo” particular, y en 1926 concretó su original “Revista Oral” –que según Antonio Requeni era una “especie de audición radiofónica”- con figuras como Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Francisco Luis Bernárdez, o un Leopoldo Marechal.

Descontando a Macedonio Fernández, la extrema beligerancia de Hidalgo lo distanció del resto de escritores argentinos mencionados.

En 1928 publicó su importante poemario “Descripción del cielo”, donde perfila una peculiar poética que ya no abandonaría, y edita su efímera revista “Pulso”. Para la década del treinta concreta poemarios de “madurez creativa” como “Actitud de los años” en 1933, y “Dimensión del hombre” en 1938.

En los cuarenta intenta teorizar sobre el fenómeno poético, y aun estético, en su “Tratado de poética” de 1944, y publica poemarios resaltantes como “Poesía de cámara” en 1948.

En la década del cincuenta la temática de sus poemarios señala una creciente añoranza por el Perú. De tal giro, aparece una de sus producciones líricas más significativas; “Carta al Perú” de 1953.

En adelante, su incesante potencia creadora da a la luz pública poemario tras poemario que, inevitablemente, reflejan también notorios altibajos. Uno de sus libros más celebrados por la crítica del momento fue su “Biografía de Yomismo” de 1959. 

Pocos años antes de fallecer, en 1967, incursiona en el último género literario no explorado por él; la dramaturgia. Cabe recordar que en la década del veinte había tentado el cuento, y en los cincuenta, la novela.

¿Cómo describirías la personalidad de Alberto Hidalgo?

- Su personalidad estuvo signada por la beligerancia. No tuvo sólo una beligerancia juvenil contra la generación precedente, tan común y que suele apagarse con el tiempo. 

Su empeño en denostar a los que castizamente se conocen como “vacas sagradas” persistió toda su vida. Las explicaciones biográficas dirigidas a despejar semejante actitud son significativas, pero lejos están de aproximarnos a las causas de manera segura.

 Lo verificable es la autenticidad de esa actitud en contra de lo “oficial”. Ahí están sus libros de crítica-libelista juvenil como “Hombres y bestias”, “Jardín Zoológico” y “Muertos, heridos y contusos”, o sus textos, declaraciones y actitudes de madurez que dan cuenta de una continuidad, de una consecuencia anárquica, quizá puramente “disolvente”, para usar un juicio de Mariátegui, pero consecuente al fin.

 Aquí es importante recordar la influencia de Manuel González Prada y Abraham Valdelomar en Hidalgo. El primero le confirió una perspectiva de los “males nacionales” y de sus “culpables”, y el segundo, un literario tono lúdico para abordar ciertas denuncias, tono que en Hidalgo trocó en mordacidad. 

Para Luis Alberto Sánchez, Hidalgo fue el primero en usar un lenguaje coprolálico en el libelo. Si bien todo indica que tal aserto no yerra, si nos quedáramos sólo con esta característica, los libelos hidalguianos no pasarían de burdas diatribas. 

Creo que la trascendencia de la libelística de Hidalgo se basa en su capacidad para zaherir armonizando una calibrada procacidad con una sustancial dote para metaforizar.

¿Cuáles consideras, a tu juicio, las obras más perdurables de Hidalgo?

- Ubicando a un lado el gusto personal, y con la salvedad que en poemarios que no citaré hay creaciones aun antologables, considero importantes para los estudios literarios el primer poemario de Hidalgo “Arenga lírica al emperador de Alemania. 

Otros poemas” por la inaugural impronta futurista que insertó en nuestras letras.

 También los poemarios experimentales “química del espíritu” y “Simplismo”, de 1923 y 1925, respectivamente, brindan claves del fenómeno vanguardista. 

Por perfilar la original y definitiva poética de Hidalgo, con su propuesta del “poema de varios lados”, así como por ser una sugestiva expresión de libro-objeto, rescataría a “Descripción del cielo” de 1928. 

Por sus hondas implicancias poéticas y por ser cabales muestras de un poeta ya dueño de sus capacidades expresivas mencionaría a “Actitud de los años” y “Dimensión del hombre” de los años treinta, “Edad del Corazón” y “Poesía de Cámara” de los cuarenta, y “Carta al Perú”, “Espaciotiempo” y “Biografía de Yomismo” de los cincuenta.

 Esto en cuanto a poesía. En lo que respecta a la labor libelista de Hidalgo, creo que “Jardín Zoológico” de 1919, “Muertos, heridos y contusos” de 1920, el folleto “Sánchez Cerro o el excremento” de 1932, y “Odas en contra”, son las producciones más representativas de esta faceta creativa del arequipeño. 

Me parece particularmente interesante el poemario-libelista “Odas en contra”, porque conjuga por primera y única vez los dos géneros que mejor desarrolló Hidalgo. Finalmente, me parece interesante, como singular ejemplo de prosa vanguardista, el libro de cuentos de 1927 “Los sapos y otras personas”. 

Algunas piezas de teatro contienen propuestas con alguna novedad, pero me parecen lo menos resaltable de la producción hidalguiana.


En la foto Alvaro Sarco

¿Por qué el libelo se considera, ahora, el principal género de Hidalgo?

- Puedo ensayar cuatro explicaciones: una primera referida a que el libelo exigiría una menor “competencia” en el lector para “decodificarlo”, y de ahí, su mayor probabilidad de vulgarización. 

En segundo lugar, el hecho de que el corpus poético de Hidalgo –pese a su importancia- es mayormente desconocido, incluso entre los involucrados en los estudios literarios. Una tercer explicación incidiría en el empeñoso afán de algunos enemigos del arequipeño por relevar la faceta libelista, “injuriosa”, de Hidalgo, para justamente roturarlo como un escritor meramente vociferante, y en consecuencia, delenezble, sepultando o minimizando su despliegue poético. 

Y, finalmente, estaría el propio Hidalgo, que en prólogos y entrevistas se encargó de afirmarse como el “primer libelista de todos los tiempos”. Esto lo entiendo como una expresión ególatra del arequipeño, quien prefería autoproclamarse como el primer exponente de un género para muchos discutible, a debatir cierta primacía poética con otros creadores.

El juicio de la posteridad a Hidalgo es duro. Sin embargo, ¿es posible que éste cambie?

- Mucho me temo que ni siquiera hay un juicio, al menos no un enjuiciamiento al margen de antipatías personales o de cofradía. Lo que existe, con las excepciones del caso, son tangenciales prejuicios heredados, pero sobre todo una monumental ignorancia de Alberto Hidalgo. 

Ahora bien, puesta sobre el tapete la obra de Hidalgo, no sé por qué esta época y las venideras esquivarían el aplicarse a su estudio. Y hablo del legado creativo de Hidalgo, que es lo que verdaderamente importaría o sería susceptible de estudio objetivo, y no de los inasibles pormenores de su biografía.

¿Se podría decir que algún escritor peruano haya seguido la senda de Hidalgo?

- Entre los escritores conocidos, el también arequipeño Alberto Guillén, evidenció en su obra y en sus actitudes alguna influencia de Hidalgo. También otros pretéritos admiradores de Hidalgo reflejan en sus obras su influjo. 

Pero tales discípulos no son más que episodios; ni lejanamente se aproximan al número de seguidores que originaron poetas como Vallejo o Neruda. Puede afirmarse que Hidalgo es un poeta “insular”, como Eguren, y que al igual que él, no dejó una “escuela”, pero ciertamente por causas distintas. 

Alguna vez Luis Alberto Sánchez se preguntó por qué siendo Vallejo un poeta de una mayor oscuridad discursiva que Hidalgo, tenía una popularidad y vigencia que alcanzaba a especialistas y aficionados. 

Quizá la posición de Vallejo, más “progresista” que el del “arbitrariamente violento” Hidalgo, en una época especialmente convulsionada para el mundo, influyó extra-literariamente en favor del primero. 

Ello –más allá, por cierto, de la magnitud poética de Vallejo- habría contribuido a que éste dejara una estela de seguidores y exegetas que impidieron su olvido o marginación.

¿Qué otras facetas de Hidalgo faltan por conocerse o, mejor dicho, a las que habría que prestarle más atención?

- En vida del arequipeño, aparecieron libros dedicados a explorar la poesía de Hidalgo. Todos de extranjeros. 

Obras como “Construcción de Alberto Hidalgo” de José Muñoz Cota, “Geografía de Alberto Hidalgo” de Gilberto González Contreras, “Diagnosis de la poesía y su arquetipo” de Ernesto Daniel Andía, o “Peso y medida de Alberto Hidalgo” de Gyula Kósice, intentaron aproximaciones a la obra de Hidalgo con precarias herramientas explicativas, o aplicándose en elaborar pintorescos panegíricos. 

Por entonces, también, aparecieron numerosos artículos y notas sobre el arequipeño, incluso en época temprana, como confirma Mariátegui cuando escribe que Hidalgo “creciendo, creciendo, ha adquirido efectiva estatura americana”.

 Lamentablemente, el análisis y la evaluación de la obra hidalguiana en su época, si bien llegó a ser cuantiosa, no tuvo un correlato en su calidad, por la carencia de marcos teóricos claros, o de solventes metodologías de interpretación, apelándose profusamente al puro impresionismo. 

Muerto Hidalgo, las décadas siguientes lo silenciaron sin escrúpulos. Recién en los últimos años se redactaron algunas notas y artículos, asomaron antologías, re-ediciones, y libros que incluyeron flamantes lecturas de la obra hidalguiana –lo último hace referencia a los aportes de Mirko Lauer en “La polémica del vanguardismo” y en “Musa mecánica”. En resumidas cuentas, entonces, aún cuando los recientes trabajos echan positivas luces, todavía se espera el libro sistemático que aborde con remozada y rigurosa versación el legado de “este gran poeta, uno de los cuatro mayores del Perú –según palabras de Sánchez- y acaso uno de los siete u ocho mayores de América”.

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Para concluir desde aquí les recomiendo otro articulo de Alvaro Sarco sobre Hidalgo. Se titula Alberto Hidalgo como cuentista






miércoles, 4 de agosto de 2010

ENTREVISTA A ALVARO SARCO (Primera parte)



ENTREVISTA A ALVARO SARCO (Primera parte)

Por Carlos Dearma / Escritor, docente e Investigador, Álvaro Sarco nació en Lima por 1970. Ha realizado estudios de derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú y curso Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Como compatriota de Alberto Hidalgo ha sido una de las personas que, labor exhaustiva de investigación mediante, dio luz a algunos de los trabajos más interesantes que hay sobre el arequipeño. Y que cabe destacar por su rigurosidad científica. Muy amablemente accedió a responder algunas preguntas para este blog. A continuación la primera parte de la entrevista.

Álvaro antes de comenzar con las preguntas sobre Alberto Hidalgo, quería agradecerte tu predisposición a esta entrevista y pedirte algunas respuestas acerca de tu labor profesional y literaria:

1-Se que realizaste estudios de derecho: ¿Eres profesor y abogado? ¿Cuándo y, quizás sería mejor preguntar, por qué crees que surgió en ti la vocación por la literatura?

Tengo concluida mi carrera de Literatura, la de Derecho se quedó a medio camino. De lo primero soy investigador y docente. Supongo que mi vocación literaria surgió tempranamente, desde muy chico me interesó la ficción escrita.

2-Pude leer hace un tiempo uno de tus cuentos (se trata de “Viernes de miércoles”) y supe que estabas preparando un libro: ¿Cómo vas con ese trabajo?

Pienso publicar una colección de cuentos este año. Ya terminé la selección y la revisión. Si no hay un inconveniente mayor, ese libro verá la luz en octubre.

3-He pensado, hasta hace muy poco, en Hidalgo como una especie de “maldito” dentro de la literatura latinoamericana y precisamente por ser un personaje polémico y casi olvidado, por lo menos en la Argentina. Tu le has dedicado mucho de ti: ¿Por qué y cuando apareció tu interés por “Alberto Hidalgo” como tema de lectura, estudio y reflexión?

A Hidalgo lo conocí por Mariátegui. Fue por indagación personal, ya que no se enseña a Hidalgo en el colegio. Me atrajo el corte vanguardista de sus poemas. En esa época -comienzos de los noventas- andaba interesado en Oquendo de Amat, y buscando poetas de similar estética, di con Hidalgo en la clásica nota que Mariátegui le dedica. Desde entonces fui inquiriendo por la obra del arequipeño.

4-¿Qué repercusión ha tenido tu obra en Perú sobre Hidalgo, me refiero a “El genio del desprecio”?

Tuvo una generosa aceptación. El crítico literario Ricardo González Vigil –en su balance del año 2006 en El Comercio- destacó a “El genio del Desprecio” entre los aportes en crítica literaria de ese año.

Mientras esperan por la segunda parte de esta entrevista, desde aqui les recomendamos un articulo de Alvaro titulado "Alberto Hidalgo como libelista"


jueves, 22 de julio de 2010

PASION Y TRAGEDIA DEL BIBLIOFILO (1946)



Por Carlos Dearma / Pude descubrir en mis lecturas de Hidalgo varias colaboraciones para con diarios y revistas. En este caso elegí una del año 1946. Se trata de un escrito para la Revista Fénix llamado “Pasión y tragedia del bibliófilo”. Con él me encontré nuevamente “identificado” por dos razones: La primera de ellas es por mi condición de “bibliófilo”; la segunda tiene que ver con las conclusiones de Hidalgo sobre los libros como “parientes”: Una frase muy sabia de su pensamiento y para ser tenida en cuenta entre las grandes frases de la literatura acerca de los libros.


Pasión y tragedia del bibliófilo

Por Alberto Hidalgo / Siempre voy a los cines con la esperanza de de ver en la pantalla el dibujo animado de los libros, correspondiente al de los ratones en el sueño de Hamerlin. No sé cómo este tema ha escapado a la imaginación estupenda de Disney, Issing, Fleisher, los otros magos del trazo viviente.


Si el hombre que compra un libro, el primero, pensara en el poder de multiplicación que los libros tienen se abstendría, seguramente, de hacer ese dispendio. Pues son como los bacilos o las polillas, poseen una asombrosa facultad de reproducción. Dentro de una envoltura y atado con hilo de cáñamo, entra uno, tímidamente, en las casas, bajo el brazo de las personas; lo desprenden de sus ligaduras, lo miran todos, la esposa, los hermanos, los hijos; al cabo de unos cuantos días, en que se lo ha llevado a la oficina, ha contemplado las calles desde la ventanilla de un asiento de tranvía o ha dormido bajo la almohada de alguien, para conciliar el sueño, lo condujo a su lecho, alguien lo deja abandonado sobre una mesa, encima del aparador, en cualquier parte.

Leído ya por todos, nadie se ocupa de él, pero a él le duele la soledad y, cautelosa, subrepticiamente, comienza a trabajar el espíritu de sus dueños, a taladrarles la conciencia para que le proporcionen un compañero, hasta que una buena tarde otro libro, también tímidamente, enfundado en su envoltura y atado con hilo de cáñamo, entra en la casa, esta vez de la mano de una dama y quizás codeándose con un maloliente paquete de queso o de cebollas. El recién venido inicia su peregrinación de ojos a ojos, para terminar reposando en un sofá, sobre la cornisa del ropero, encima del radiador de la calefacción.

Y empieza el idilio. Desde lejos, los dos tomos se hacen significativas guiñadas, suspiran, se envían los efluvios de una pasión naciente. Los besos son a la distancia y los ademanes tienen valor de promesa.

Mensajes inalámbricos se cambian los corazones de papel, el alma de las líneas, la tinta, que es su sangre. De repente, una mosca, un insecto vuelan de un volumen al otro y entre sus alas transportan, sin saberlo, los recados de una ternura inefable. No puede durar mucho tiempo, sin embargo, la separación de los cuerpos. Los seres que se quieren concluyen en el registro civil o en las casas de cita. Un día de limpieza, el día señalado para poner orden en el hogar, alguien automáticamente, obedeciendo a un misterioso, un recóndito mandato, junta, por fin, los libros, ¡Oh, qué abrazo!

Ningún casal se forma para cruzarse de brazos y la nueva pareja no puede ser excepción en la regla. Pronto arriban volúmenes y más volúmenes. Cuatro, ocho, quince, treinta se muestran, despatarrados o prolijos, sobre las mesas, en las sillas, junto a las lámparas, a veces a caballo sobre los objetos de adorno, sobre los potes, encima de un baúl, tirados en el suelo.

Es entonces cuando nos decidimos a comprar una repisa. Mas tarde, la repisa no basta y adquirimos un armario de dos o tres pisos. Viene, en seguida, la biblioteca. Como no carecemos de condiciones de previsión, la encargamos de una capacidad superior a la exigida por las necesidades momentáneas. Pero en cuanto nos la traen y acomodamos en ella todos los testimonios de nuestra cultura, viendo que quedan vacíos dos anaqueles y eso afea el espectáculo del recinto, pues poco a poco nos hemos ido dando cuenta del valor también decorativo de los libros, corremos a las librerías y traemos unos cuantos, los precisos para llenar los huecos del magnifico mueble.

Quizás nos llamamos a sosiego una, varias semanas. Al salir de la habitación, al entrar en ella damos una mirada de afecto al erudito escaparate. A cenar o a beber una copa invitamos a amigos como pretexto, pero en realidad para mostrarles aquello e inducirlos a pensar en nuestra sabiduría. Mas los libros no se duermen en sus laureles. Siguen ejerciendo sus esotéricas influencias para que su número aumente y aumente sin cesar. Tienen poderes desconocidos, imanes invisibles y secretos con los cuales atraen a sus semejantes.

Otras estanterías, otras bibliotecas se suman a la primera. No hay un claro en las paredes, entre puertas y ventanas, donde no hayamos ubicado una, por supuesto mandada a construir de medidas especiales. Ya no sólo están los libros en la sala de recibo, en el escritorio, sino en los dormitorios, en el vestíbulo, apilados en los rincones, bajo las camas. Nuestra mujer, si somos casados, nuestra madre o nuestras hermanas nos reprochan constantemente la manía en que hemos caído y nosotros comprendemos que tienen razón, nosotros mismos nos percatamos de sus inconvenientes, sufrimos por ellos, pues no dejan espacio en el bufete para escribir, en la mesa para comer, en el sofá para recostarnos, en la botinera para guardar zapatos. Pero nada podemos hacer para evitarlo. Los libros son un vicio tremendo.
Así las cosas, un día, por efecto de una digestión difícil, nos dormimos en un sillón y soñamos. Los libros saltan de sus estantes y se agrupan en torno a nosotros, mientras centenares, millares de otros más entran por la puerta, por las ventanas. Miles y miles de libros, trepándose unos encima de otros, llenan por completo la habitación, toda la casa. Cubiertos totalmente por ellos, nosotros y nuestros familiares perecemos asfixiados, exhalamos el último suspiro. Desde la muerte, aun clamamos: “¡Libros, más libros!”



Cuando un individuo, que tiene la pasión de los libros y ha tapizado con ellos todos los muros de su mansión, sueña que estos terminan cubriéndolo y asfixiándolo, tras de haber imposibilitado sus movimientos e invadido mesas, sillas, cama y hasta desparramándose por el piso, no piensa, lógicamente, sino en la manera de liberarse de esa amorosa opresión.

Lo primero seria arrendar una morada más grande y reservar la más vasta de sus habitaciones exclusivamente para biblioteca, con la terminante prohibición de trasladar volúmenes, bajo ningún pretexto, a los cuartos restantes. Pero en la práctica esto es imposible. Los libros caminan. Tienen unas patitas invisibles con las cuales siguen como perros a las personas, irrumpiendo de pronto en el comedor, en la sala, en los dormitorios. No hay aposentos en los anaqueles de cuya biblioteca se queden quietos indefinidamente. Cuando menos se lo sospecha, alguno pega un salto y se introduce en las otras piezas para refrescar la memoria de los dueños sobre una doctrina social, un principio de física, una creación poética. Y eso es solo el comienzo. Luego se producen desbandes en masa.

Una cosa es pensar en una mudanza y otra acometerla. Los alquileres andan por las nubes. ¿Valdrá la pena elevar nuestro presupuesto sólo para evitar el retozo de los libros relegándolos a un recinto especial? Y aun si nos dispusiéramos a hacer ese sacrificio económico, ¿Será fácil hallar casa? En todas partes, en cualquier ciudad del planeta la crisis de la vivienda es hoy malestar insalvable. Por otro lado, ¿De que serviría ese dispendio si al poco tiempo habría que incurrir en uno mayor, por ser forzoso destinar, no una sino dos o tres piezas a morada de los libros, pues estos, según sabemos, se multiplican con asombrosa velocidad? A quien de veras los ama, los pesos no le paran en el bolsillo: concurre a las librerías y adquiere todo cuanto se edita. ¡Y se edita tanto!

Estudiados los pro y los contra, impónese la renuncia al cambio domiciliario. Uno debe quedarse donde está e intentar la resolución del conflicto por otra vía. Acuciando el magín, surge una formula considerada feliz: encajonar la biblioteca y alojarla en el sótano o en el desván. Ponemos manos a la labor. Mandamos traer unos arcones, acariciando el propósito de no guardarlos todos, sino dejar cerca de nosotros los que mas amamos, estos tomos de poemas, aquellos de filosofía, esos de ciencia, algunos de artes plásticas, nuestros Shakespeares, nuestros Baudelaires, la obra completa de Hegel, determinadas colecciones, etc. Mas al empezar la tarea y ya puestos en trance de decidir preferencias, las vacilaciones nos asaltan. ¿Por qué enviar al ostracismo a unos y a otros no? ¿Es que un Dante, un Novalis, un Heidegger valen menos que los autores mencionados? 

No puede haber hijos y entenados, ¡El encierro debe ser unánime! Y cuando finalmente los cajones se llenan, una triste emoción nos embarga en el instante de ver que se conduce a entablar amistad con las sombras. Nos parece que aquellos fueran ataúdes donde descansarán los últimos despojos de amigos bien queridos; es algo como si tuviéramos la impresión de asistir al sepelio de nuestra cultura.

Sin embargo, el símil es totalmente inexacto. La muerte es un suceso fatal e irreparable al que siempre, tarde o temprano, terminamos resignándonos, y algo nos dice que los libros no están muertos. Los conceptos, los sentimientos y los personajes domiciliados en sus páginas pugnan minuto a minuto por salir. Quieren los dos primeros volver a la superficie para entrar de nuevo en relación, mediante el mecanismo de la lectura, con los cerebros y los espíritus. Anhelan los segundos convivir otra vez con los hombres una existencia a la que tienen derecho, pues aunque no sean de carne y hueso son criaturas hechas a imagen y semejanza de las demás, pobladores del mundo del pensamiento.

Los libros amontonados en los baúles son algo así como los ciudadanos de las cárceles, con la diferencia de que aquellos no han cometido crímenes ni pecados. En las noches, cuando todo duerme, alguien, de pronto, se despierta sobresaltado, porque la madera de los cajones cruje extrañamente, parece rajarse como cediendo a la presión de fuerzas desconocidas: son los protagonistas de las novelas, los seres palpitantes de los dramas y las tragedias y hasta las figuras de los cuadros celebres reproducidas en laminas a todo color que se rebelan contra la oscuridad y al ahogo a que se los condenara. Quieren escapar de sus calabozos, ayudados en eso por las ideas, pues estas son como los gases o los átomos, los cuales poseen un fabuloso poder de expansión y bajo ciertas condiciones pueden hacer estallar las paredes del recinto que los contiene.

Casi no hay hombre de estudio que no se haya visto enfrentado al problema de los libros que inundan-perdón por el vocablo-su casa y se la tornan irremediablemente incomoda. Muchos hemos acudido al expediente del enjaulamiento, pero pocos, quizás ninguno, tienen duro el corazón para con ellos. Entre alborozo y llanto se concluye libertándolos. Y es que los libros son los parientes más próximos, y más estimados, de cuantos tenemos fe en las creaciones de la inteligencia. Alberto HIDALGO.

Tomado de Revista Fénix de la Biblioteca Nacional de Lima. 2º semestre 1946. Nº4