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domingo, 31 de julio de 2011

Presentacion del libro Poemas Simplistas en Lima



Por Carlos Dearma/ Recibimos por estos dias una invitacion que nos llega de alegria y compartimos con todos ustedes. El mail de David Ballardo dice asi: “No tengo el gusto de conocerlo pero he visitado su página y he visto su labor de difusión de la obra de Alberto Hidalgo. Apelando a ese cariño y ganas de difundir la obra de esta poeta arequipeño le envío la nota para su difusión.
La presentación de Poemas simplistas se realizará en la FIL de Lima el 01 de agosto a las 4:00pm. en la sala José María Arguedas. Los comentarios estarán a cargo de Juan Bonilla y Arturo Corcuera.”

Saludos,
db.

... Desde la distancia les deseamos el mayor de los exitos y esperamos poder contar pronto con un testimonio acerca del evento por parte de sus organizadores. Saludamos toda iniciativa destinada a la difusion de la Obra de Alberto.

Carlos Dearma, Julio 2011

lunes, 21 de marzo de 2011

VARGAS LLOSA Y LA ARGENTINA (Parte 3)



Por Carlos Dearma / Entre el monton de opiniones vertidas sobre la visita de Vargas Llosa a la Argentina encontre esta historieta firmada por Daniel Paz que me hizo sonreir. Decidi hacerle un espacio en el blog.

domingo, 9 de enero de 2011

¿QUE ES EL SIMPLISMO?





¿QUE ES EL SIMPLISMO? Por Carlos Arturo Caballero Medina

Por Carlos Dearma / Carlos Arturo Caballero Medina ha dejado una reseña biográfica en su blog "Naufrago digital" que describe brevemente vida y obra, (la reproduzco aquí para ustedes): "Licenciado en Literatura y Lingüística por la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Ha dirigido la revista de literatura Náufrago (2004) y dirige la revista de investigación Letras del Sur. 

También, ha publicado ensayos de investigación en revistas académicas locales y en el extranjero vinculados a la obra de Mario Vargas Llosa. Además administra los blogs Letras del Sur y Náufrago digital en los cuales aborda temas sobre cultura y política. Actualmente, ejerce la docencia universitaria en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y en la Universidad Privada del Norte." (pueden encontrar los vinculos a ambos blogs en nuestros enlaces recomendados)

Caballero Medina gentilmente nos ha cedido la posibilidad de reproducir un trabajo propio sobre Alberto Hidalgo titulado: "¿Que es el Simplismo?" en donde aborda esta particular interpretacion de la poesia por parte del joven Hidalgo. Desde aqui le enviamos nuestro saludo y agradecimiento a Carlos Arturo por su colaboracion con el blog.


¿QUE ES EL SIMPLISMO?(Fragmento)
Por Carlos Arturo Caballero Medina

I

En 1925, en la ciudad de Buenos Aires, el poeta arequipeño Alberto Hidalgo publicó un poemario-manifiesto titulado Simplismo, en el cual expuso sus reflexiones acerca de la poesía y el arte, dando forma a una teoría poética muy particular que tuvo como principal objetivo liberar a la poesía de todo aquello que obstaculizara su comprensión. 

Frecuentemente, al encontrarse con un “ismo” se suele indagar sobre su iniciador, principios, seguidores, influencias y su vigencia. Es preciso decir que el Simplismo no tuvo seguidores que pudieran sistematizar, refutar, replantear o profundizar los postulados de Alberto Hidalgo ; no inició una escuela o movimiento y tampoco es notable su influencia en la poesía peruana ya que no existen poetas que abiertamente hayan hecho suyos los principios estéticos que propuso el poeta arequipeño trasladándolos a sus propias obras. “El simplismo nace y muere bajo el auspicio solitario de un solo nombre: Alberto Hidalgo ”.

La aspiración de ver al Simplismo convertido en una corriente de gran influencia, no creo que a Hidalgo le preocupara tanto, porque más interesado estaba en la proyección de su individualidad creadora —tanto en lo teórico como en lo artístico— que en la difusión de una teoría estética que al final superó evolucionando hacia una expresión menos extremada. 

Pero esto no debe ser un obstáculo para abordar al Simplismo ni se le debe descalificar como un proyecto fracasado porque esto no brinda una explicación de la estética hidalguiana. Hoy se hace necesario examinar sus postulados a la luz de lo que significó dentro del proceso del vanguardismo en el Perú, haciendo un balance de su aplicación dentro y fuera de la obra de Hidalgo. 

Para ello, mi primer objetivo es caracterizar la poética de Hidalgo para luego describir y explicar qué es el Simplismo.

(...)

III

El simplismo: un tratado de estética
El libro Simplismo. Poemas inventados por Alberto Hidalgo, se inicia con un prólogo del autor titulado “Invitación a la vida poética”, conformado por 30 apartados, numerados desde el cero (0) al 29. Hidalgo define su prólogo como un tratado de estética cuyos apartados a pesar de estar dispersos, guardan relación temática entre sí, mas no una secuencia lógica. 

Sucede que de un apartado a otro salta de tema en tema, luego los retoma avanza y vuelve a regresar. Anticipa que la participación del lector es necesaria para integrar estos apartados dispersos, es el lector quien tiene que vincularlos y él lo ha dispuesto así porque es “enemigo de lo metódico ”. 

El poeta acompaña al lector en su lectura interactiva con el poema, para esto, que según Hidalgo no tiene precedentes, es necesario que el lector se familiarice con el Simplismo antes de leer los poemas simplistas; este es el primer objetivo de su “invitación”. 

Manifiesta ser “enemigo de lo metódico”, por eso los temas se encuentran dispersos para que el lector los integre. Sin embargo, deliberadamente o no, su “invitación” al lector sirve como una entrada previa al texto donde pretende conducir la lectura, y como tal bien puede ser entendido este prólogo como una aproximación metodológica al simplismo.

Imagen y metáfora

A la concepción de la poesía como el arte de pensar en imágenes, Hidalgo propone entender la poesía como el arte de pensar en metáforas. Le añade a esta noción su particular atracción por el individualismo artístico, porque concibe el arte como personal, independiente de las poéticas antiguas y tradicionales.

A lo largo de su exposición desarrolla una serie de oposiciones. La primera es la oposición imagen/metáfora. Descarta la imagen como recurso poético. La poesía no es el arte de pensar en imágenes sino en metáforas: “La poesía es la metáfora. La metáfora es toda la poesía”. No hay poesía fuera de la metáfora.

 Esto lo explica a través del carácter simbólico del signo. Hay que volver al origen y la palabra es el origen de la poesía. Las palabras están compuestas por letras, y las letras son signos. “Signos: lo que representa alguna cosa distinta de sí, cualquier carácter simbólico o cosa parecida ”. 

La palabra es simbólica, el lenguaje es todo simbólico, allí radica su capacidad creativa, no aludiendo directamente a algo. Se distingue el objeto, la cosa en sí, del nombre que lo identifica. 

En este sentido toda palabra al designar un objeto que está fuera de ella, es una metáfora. La palabra es una representación de algo que está más allá y nuestro contacto con la realidad esta mediatizado por la palabra, es decir por el lenguaje. 

Entonces el lenguaje no representa directamente la realidad sino que la crea y recrea porque no puede dar cuenta de ella completamente.

Estamos atrapados dentro del lenguaje.


Letras ---


METÁFORA


Diferencia entre imagen y metáfora: la imagen es una representación o imitación de un objeto; la metáfora convierte al objeto en arte porque amplifica la gama de significados posibles del objeto una vez integrado al lenguaje. 

El objeto entra al orden simbólico desde que el lenguaje lo nombra. El objeto y el signo que lo representa, son distintos. El poeta es un fabricante de metáforas, esa debe ser su mayor aspiración.

Oposición poesía/literatura: la literatura es el género mayor. Hidalgo asigna una mayor jerarquía a los poetas por encima de los novelistas, dramaturgos y por extensión, de los críticos: “Los literatos —la poesía no es literatura— son los mejores clientes de los poetas ”, necesitan de ellos porque la poesía les brinda las metáforas. 

A su entender los otros géneros son parásitos de la poesía porque históricamente la han estado imitando. 

En el caso de la crítica literaria, los críticos necesitan de los poetas, recurren a ellos para justificar su actividad.

Otro recurso para la creación poética son las pausas. La pausa no es un mero estado psicológico sino la llave con la cual el poeta abre las puertas del infinito para que el alma del lector entre en él. 

El poeta guía al lector a través de los versos y las pausas tienen como finalidad que el lector medite y reflexione solo frente al verso. Verso y pausa son ambos elementos constitutivos del poema. 

El poema simplista es una continuidad, por ello las estrofas desaparecen. Las pausas no separan versos sino que los unen.


En la Imagen Carlos Arturo Caballero Medina

Las letras: materia prima del escritor

Hidalgo manifiesta que la mayoría de poetas desconocen cuál es su herramienta de trabajo. “Las letras son la materia prima del escritor” (p.7). Las letras requieren de un experto que sepa utilizarlas. El poeta es un artesano de la palabra. 

Hidalgo afirma que nadie se ha dedicado a desentrañar (como un científico con su objeto de estudio) la naturaleza de las letras, han pasado por alto la importancia del alfabeto. 

El poeta les atribuye a las letras una cualidad animista; son para él seres vivos porque producen y reproducen metáforas. “Las letras son en fin de cuentas, unos simples gusanos. Solo que unos gusanos, unas lombrices inteligentes ”.

Metafóricamente, explica quiénes son los más idóneos para utilizar las letras. Lo hace a través de la idea de jerarquía y clase:

a) En toda sociedad hay clases: cosas, animales, hombres y estos a su vez se pueden clasificar.

b) En los gusanos (especie de sociedad compuesta por letras) hay clases: el pueblo los conforman los gusanos que se alimentan de la tierra, raíces y plantas); la burguesía, la conforman los gusanos que se alimentan de cadáveres más por satisfacción intelectual y espiritual que por placer alimenticio; y la aristocracia la conforman los gusanos selectos, notables e ignorados por desconocimiento de sus cualidades creativas que para nada los convierten en signos convencionales.

Hidalgo plantea que la facultad de creación de la palabra no debería otorgarse a sujetos incompetentes que utilicen las letras para crear barbaridades porque ese mal uso “humilla” a las letras, sus gusanos inteligentes.

“Así como a los enfermos de enfermedades vergonzantes o incurables no se les consiente en los países cultos el derecho a la procreación, así debería legislarse la libertad de escribir, de modo que los imbéciles no pudieran dar a luz gusanos inteligentes, es decir, letras. ¡Eso también sería humanitario!” .

Conclusión: las letras, metafóricamente, poseen vida como los hombres y animales porque al combinarlas crean palabras, estas a su vez, versos que se convierten en metáforas lo cual es signo de la existencia de poesía.

Rechazo a la musicalidad

Dentro de la estética simplista, poeta es todo aquel que hace versos, en tanto se entienda un verso como la unidad que estructura una metáfora. 

Hidalgo cuestiona que a hasta el momento de su manifiesto simplista, los poetas hayan escrito versos. Considera que lo que se ha venido escribiendo no son versos sino música. 
Atribuye a la madurez del artista la capacidad de engendrar buena poesía, desafiando el precepto tradicional de que la juventud es la mejor etapa para escribir poesía porque para crear versos es indispensable que el poeta haya acumulado experiencias. Madurez de espíritu, no madurez biológica. 

El momento mundial en que está desarrollando su nueva estética lo califica como el más apropiado puesto que la historia mundial ha acumulado la suficiente cantidad de experiencias para que los poetas aparezcan.

Hidalgo se rebela contra la estética modernista cuando sostiene que la poesía es superior a la música porque requiere de mayor trabajo y porque aparece luego de un largo proceso de maduración: con la música de pueden crear chillidos, pero no con la palabra.

“Los versos corrientes son pensamientos musicales, música en verso, mas no poesía (…) los versos deben estar hechos de metáforas” (…) “ley del verso: el verso debe estar hecho únicamente de palabra y todo valor extraño que intervenga en él, lo empequeñece y desvirtúa” (…) “Poesía y música son antagónicos. No pueden estar juntas sin hacerse daño la una a la otra ”.

La diferencia esencial que Hidalgo destaca entre música y poesía es que la primera es material y sensorial, mientras que la segunda pertenece al plano de lo metafísico: no desaparece aunque no la percibamos.

Poesía y simplismo

Según Hidalgo, el simplismo desnuda a la poesía de aquellos elementos que la opacan: retórica, ritmo, lógica, composición, rima que dentro de la poesía simplista no son fundamentales sino secundarios. Dentro de esta concepción, la poesía es superior a otras artes como la música y la pintura por las siguientes razones:

a) Naturalidad: no necesita de ningún recursos externo para producirse

b) Originalidad: la palabra es un elemento original

c) Personalidad: la palabra es un sello distintivo de la individualidad y de la independencia del poeta.

Hidalgo proclama a Rimbaud, dentro de la tradición poética universal, como un punto de quiebre entre lo que denomina la Edad de Piedra, que abarca desde Homero hasta Víctor Hugo y la época actual signada por el influjo de Apollinaire. 

En este sentido, critica a los artistas “troglodíticos” cuyos criterios se imponen en los medios culturales impidiendo la comprensión de un arte nuevo .

La propuesta más relevante del simplismo hidalguiano es la del individualismo y originalidad que se corresponden con la introducción de la nueva estética del vanguardismo. 

Plantea que “La originalidad es la base primaria e imprescindible de toda obra de arte. No es posible la imitación. El artista no debe tener antecesores ”. 

En consecuencia, el artista debe dejar su personalidad impregnada en su obra de arte. Esto asegura su inmortalidad. Hacer suyo el arte, apropiarse de él. Romper con los antecesores para ser libre y original. Originalidad que radica en la creación de un objeto nuevo.

Respecto a la teorización, las ideologías o los manifiestos políticos estos deben ser canalizados por medio de otros géneros. 

El poeta debe dedicarse absolutamente a la poesía, comprendida como búsqueda de la perfección. Vista así, la finalidad de la poesía simplista es la creación estética y por ello no debe utilizarse para difundir ideologías o tesis, ni como denuncia social:

 “El poema no debe ser nunca un arma. La prédica nada tiene que ver con él. Yo no tolero la poesía de tesis, el arte social, soñado por Tolstoi ”. 

Descontextualización total de la creación poética, o en términos de Ortega y Gasset, deshumanización del arte. Solo el poeta y su poesía: “El ambiente debe ser extraño a la obra de arte ”. En relación con esto, Hidalgo establece una distinción entre el artista objetivo y el artista descriptivo, cuya diferencia es que el primero es un creador y el segundo un imitador. 

Al explicar la objetividad en la poesía, sostiene que toda poesía es objetiva porque el poeta se sirve de lo que “ve” ya sea dentro o fuera de sí mismo. 

De esta manera Hidalgo deconstruye la oposición objetividad/subjetividad ya que la posición del sujeto frente al objeto, si su conciencia creadora se dirige a lo exterior o al interior, determinará el grado de objetividad/subjetividad de su poesía. 

Hidalgo lo explica así: “La poesía es objetiva y subjetiva”. Por otro lado, el naturalismo es írrito al simplismo: “El simplismo no es descriptivo. Todos mis paisajes son paisajes imaginarios (…)”

Cabe resaltar que tales preceptos fueron abandonados por el propio Hidalgo porque en los poemarios posteriores, su práctica poética contradice radicalmente lo expuesto en su tratado de estética simplista. 

Tres años después de la publicación de Simplismo (1925), apareció Descripción del cielo (1928) que reúne poemas que distan mucho de este aislamiento de lo social, de la poesía de tesis y de la ideología política.

La crítica a la elitización y al didactismo en el arte son también materia de discusión del simplismo. El arte de la alta cultura le resulta fosilizado porque el artista culto está atrapado en la élite y se conforma con el saber que reproduce. 

Se le opone un saber de la ignorancia que en cambio es espontáneo en su necesidad de conocimiento porque se nutre de sus experiencias, es libre e inteligente porque es susceptible de buscar nuevos horizontes. “El simplismo quiere para sí un público de ignorantes, a condición de que sean inteligentes ”. 

El simplismo no es elitista, mejor si fuera conocido por todos. En cuanto al didactismo, Hidalgo afirma que el arte no se puede enseñar, pues el verdadero artista es su propio maestro, ya que aprende solo.

IV


Simplismo. Poemas inventados por Alberto Hidalgo, discute las ideas de una nueva concepción estética de la poesía sustentada en la búsqueda de originalidad, individualismo y ruptura con la tradición, tesis que no difieren de las propuestas de los movimientos de vanguardia europeos de las primeras décadas del siglo XX. 

En el prólogo a los poemas simplistas, Alberto Hidalgo plantea una serie de propuestas para ilustrar al lector antes de que éste se enfrente a la lectura de los poemas simplistas. 

Tales propuestas sintetizan el simplismo como: a) un tratado de estética, 

b) búsqueda de originalidad, 

c) adecuación de la ruptura vanguardista frente la tradición a un proyecto individual libre del influjo de un colectivo que imponga saberes previos, 

d) confrontación de las oposiciones: imagen/metáfora; poesía/literatura; poeta antiguo/poeta moderno, antiguo/contemporáneo; moderno/retardatario; arte culto/arte ignorante; arte de élite/arte de masas, 

e) naturalidad, originalidad y personalidad propia como características distintivas de la poesía y uso de la metáfora y de las pausas como recursos creadores, 

e) oposición radical al didactismo y a la poesía social o de tesis y 

f) lectura interactiva, la finalidad del prólogo es orientar al lector para que comprenda la novedad de los poemas simplistas.

Las principales contradicciones que encuentro en el discurso simplista son básicamente dos: 
a) el planteamiento de una estética desideologizada es inviable puesto que lo político o lo social, forman solo una parte de la noción de ideología. Lo cultural y lo artístico también se inscriben dentro de la noción de ideología; y 

b) las tesis simplistas no trascendieron a otros poemarios de Hidalgo donde es evidente su compromiso con ideologías políticas radicales y con el imaginario nacional peruano y regional de su ciudad natal.

¿Qué es el simplismo, entonces? Ensayo una particular definición: búsqueda de originalidad basada en el individualismo creador, simplificación del lenguaje poético y deselitización sociocultural del concepto de vanguardia.



martes, 10 de agosto de 2010

ENTREVISTA A ALVARO SARCO (Segunda parte)



Por Carlos Dearma / A continuación tengo el gusto de publicar una entrevista a Álvaro Sarco en la que se extiende por la obra de Alberto Hidalgo. Hace unos años solo una parte de esta entrevista salio en un diario del Perú: Hoy y gracias a la amabilidad de Álvaro podemos leerla en su totalidad.

Genio y figura de Alberto Hidalgo (En la foto con su esposa Elisa Dearma)


DIÁLOGO CON ÁLVARO SARCO


¿Cuál fue la trayectoria de Alberto Hidalgo?

- Esta es una interrogante que exigiría una vasta respuesta. Me limitaré a señalar algunos hitos de su itinerario literario. En 1916, con la aparición de su poemario “Arenga lírica al emperador de Alemania. Otros poemas”, plasma por vez primera en el Perú ciertos elementos temáticos del futurismo italiano; la vindicación de la máquina, la fuerza entendida como expresión de una “voluntad de poder”, y la guerra como “eugenesia de la humanidad”. 

Así, no pocos críticos consideran a Hidalgo el introductor del futurismo –y con ello de la vanguardia- en el Perú. Pero es necesario precisar que juntos o insertos en los primeros poemas de ribetes futuristas hidalguianos, aparecen líneas o sonetos de estética modernista, de modo que el futurismo que ensayó Hidalgo en 1916, aún era un híbrido, una aproximación más bien superficial al movimiento de Marinetti.

En 1917, Hidalgo publica en Lima “Panoplia lírica”, poemario que contiene un extenso e interesante prólogo de Abraham Valdelomar. El espaldarazo del iqueño le permitió cierta presencia en el circuito literario limeño.

Pronto, sin embargo, debido a los libelos que publicó en 1916 en “Hombres y bestias” y en otras publicaciones periódicas, Hidalgo cosechó nutridos e influyentes detractores como Clemente Palma. Quizá básicamente por ello, Hidalgo viajó a Buenos Aires a finales de 1919. 

En 1920 visitó España, participando en las principales “peñas literarias”, en boga por entonces. En la peña del “Pombo” hizo migas con su director, Ramón Gómez de la Serna. De vuelta a Buenos Aires, participó notoriamente en el desarrollo de la vanguardia argentina, tanto como creador como animador literario.

En 1925 publicó su poemario “Simplismo”, que proponía su “ismo” particular, y en 1926 concretó su original “Revista Oral” –que según Antonio Requeni era una “especie de audición radiofónica”- con figuras como Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Francisco Luis Bernárdez, o un Leopoldo Marechal.

Descontando a Macedonio Fernández, la extrema beligerancia de Hidalgo lo distanció del resto de escritores argentinos mencionados.

En 1928 publicó su importante poemario “Descripción del cielo”, donde perfila una peculiar poética que ya no abandonaría, y edita su efímera revista “Pulso”. Para la década del treinta concreta poemarios de “madurez creativa” como “Actitud de los años” en 1933, y “Dimensión del hombre” en 1938.

En los cuarenta intenta teorizar sobre el fenómeno poético, y aun estético, en su “Tratado de poética” de 1944, y publica poemarios resaltantes como “Poesía de cámara” en 1948.

En la década del cincuenta la temática de sus poemarios señala una creciente añoranza por el Perú. De tal giro, aparece una de sus producciones líricas más significativas; “Carta al Perú” de 1953.

En adelante, su incesante potencia creadora da a la luz pública poemario tras poemario que, inevitablemente, reflejan también notorios altibajos. Uno de sus libros más celebrados por la crítica del momento fue su “Biografía de Yomismo” de 1959. 

Pocos años antes de fallecer, en 1967, incursiona en el último género literario no explorado por él; la dramaturgia. Cabe recordar que en la década del veinte había tentado el cuento, y en los cincuenta, la novela.

¿Cómo describirías la personalidad de Alberto Hidalgo?

- Su personalidad estuvo signada por la beligerancia. No tuvo sólo una beligerancia juvenil contra la generación precedente, tan común y que suele apagarse con el tiempo. 

Su empeño en denostar a los que castizamente se conocen como “vacas sagradas” persistió toda su vida. Las explicaciones biográficas dirigidas a despejar semejante actitud son significativas, pero lejos están de aproximarnos a las causas de manera segura.

 Lo verificable es la autenticidad de esa actitud en contra de lo “oficial”. Ahí están sus libros de crítica-libelista juvenil como “Hombres y bestias”, “Jardín Zoológico” y “Muertos, heridos y contusos”, o sus textos, declaraciones y actitudes de madurez que dan cuenta de una continuidad, de una consecuencia anárquica, quizá puramente “disolvente”, para usar un juicio de Mariátegui, pero consecuente al fin.

 Aquí es importante recordar la influencia de Manuel González Prada y Abraham Valdelomar en Hidalgo. El primero le confirió una perspectiva de los “males nacionales” y de sus “culpables”, y el segundo, un literario tono lúdico para abordar ciertas denuncias, tono que en Hidalgo trocó en mordacidad. 

Para Luis Alberto Sánchez, Hidalgo fue el primero en usar un lenguaje coprolálico en el libelo. Si bien todo indica que tal aserto no yerra, si nos quedáramos sólo con esta característica, los libelos hidalguianos no pasarían de burdas diatribas. 

Creo que la trascendencia de la libelística de Hidalgo se basa en su capacidad para zaherir armonizando una calibrada procacidad con una sustancial dote para metaforizar.

¿Cuáles consideras, a tu juicio, las obras más perdurables de Hidalgo?

- Ubicando a un lado el gusto personal, y con la salvedad que en poemarios que no citaré hay creaciones aun antologables, considero importantes para los estudios literarios el primer poemario de Hidalgo “Arenga lírica al emperador de Alemania. 

Otros poemas” por la inaugural impronta futurista que insertó en nuestras letras.

 También los poemarios experimentales “química del espíritu” y “Simplismo”, de 1923 y 1925, respectivamente, brindan claves del fenómeno vanguardista. 

Por perfilar la original y definitiva poética de Hidalgo, con su propuesta del “poema de varios lados”, así como por ser una sugestiva expresión de libro-objeto, rescataría a “Descripción del cielo” de 1928. 

Por sus hondas implicancias poéticas y por ser cabales muestras de un poeta ya dueño de sus capacidades expresivas mencionaría a “Actitud de los años” y “Dimensión del hombre” de los años treinta, “Edad del Corazón” y “Poesía de Cámara” de los cuarenta, y “Carta al Perú”, “Espaciotiempo” y “Biografía de Yomismo” de los cincuenta.

 Esto en cuanto a poesía. En lo que respecta a la labor libelista de Hidalgo, creo que “Jardín Zoológico” de 1919, “Muertos, heridos y contusos” de 1920, el folleto “Sánchez Cerro o el excremento” de 1932, y “Odas en contra”, son las producciones más representativas de esta faceta creativa del arequipeño. 

Me parece particularmente interesante el poemario-libelista “Odas en contra”, porque conjuga por primera y única vez los dos géneros que mejor desarrolló Hidalgo. Finalmente, me parece interesante, como singular ejemplo de prosa vanguardista, el libro de cuentos de 1927 “Los sapos y otras personas”. 

Algunas piezas de teatro contienen propuestas con alguna novedad, pero me parecen lo menos resaltable de la producción hidalguiana.


En la foto Alvaro Sarco

¿Por qué el libelo se considera, ahora, el principal género de Hidalgo?

- Puedo ensayar cuatro explicaciones: una primera referida a que el libelo exigiría una menor “competencia” en el lector para “decodificarlo”, y de ahí, su mayor probabilidad de vulgarización. 

En segundo lugar, el hecho de que el corpus poético de Hidalgo –pese a su importancia- es mayormente desconocido, incluso entre los involucrados en los estudios literarios. Una tercer explicación incidiría en el empeñoso afán de algunos enemigos del arequipeño por relevar la faceta libelista, “injuriosa”, de Hidalgo, para justamente roturarlo como un escritor meramente vociferante, y en consecuencia, delenezble, sepultando o minimizando su despliegue poético. 

Y, finalmente, estaría el propio Hidalgo, que en prólogos y entrevistas se encargó de afirmarse como el “primer libelista de todos los tiempos”. Esto lo entiendo como una expresión ególatra del arequipeño, quien prefería autoproclamarse como el primer exponente de un género para muchos discutible, a debatir cierta primacía poética con otros creadores.

El juicio de la posteridad a Hidalgo es duro. Sin embargo, ¿es posible que éste cambie?

- Mucho me temo que ni siquiera hay un juicio, al menos no un enjuiciamiento al margen de antipatías personales o de cofradía. Lo que existe, con las excepciones del caso, son tangenciales prejuicios heredados, pero sobre todo una monumental ignorancia de Alberto Hidalgo. 

Ahora bien, puesta sobre el tapete la obra de Hidalgo, no sé por qué esta época y las venideras esquivarían el aplicarse a su estudio. Y hablo del legado creativo de Hidalgo, que es lo que verdaderamente importaría o sería susceptible de estudio objetivo, y no de los inasibles pormenores de su biografía.

¿Se podría decir que algún escritor peruano haya seguido la senda de Hidalgo?

- Entre los escritores conocidos, el también arequipeño Alberto Guillén, evidenció en su obra y en sus actitudes alguna influencia de Hidalgo. También otros pretéritos admiradores de Hidalgo reflejan en sus obras su influjo. 

Pero tales discípulos no son más que episodios; ni lejanamente se aproximan al número de seguidores que originaron poetas como Vallejo o Neruda. Puede afirmarse que Hidalgo es un poeta “insular”, como Eguren, y que al igual que él, no dejó una “escuela”, pero ciertamente por causas distintas. 

Alguna vez Luis Alberto Sánchez se preguntó por qué siendo Vallejo un poeta de una mayor oscuridad discursiva que Hidalgo, tenía una popularidad y vigencia que alcanzaba a especialistas y aficionados. 

Quizá la posición de Vallejo, más “progresista” que el del “arbitrariamente violento” Hidalgo, en una época especialmente convulsionada para el mundo, influyó extra-literariamente en favor del primero. 

Ello –más allá, por cierto, de la magnitud poética de Vallejo- habría contribuido a que éste dejara una estela de seguidores y exegetas que impidieron su olvido o marginación.

¿Qué otras facetas de Hidalgo faltan por conocerse o, mejor dicho, a las que habría que prestarle más atención?

- En vida del arequipeño, aparecieron libros dedicados a explorar la poesía de Hidalgo. Todos de extranjeros. 

Obras como “Construcción de Alberto Hidalgo” de José Muñoz Cota, “Geografía de Alberto Hidalgo” de Gilberto González Contreras, “Diagnosis de la poesía y su arquetipo” de Ernesto Daniel Andía, o “Peso y medida de Alberto Hidalgo” de Gyula Kósice, intentaron aproximaciones a la obra de Hidalgo con precarias herramientas explicativas, o aplicándose en elaborar pintorescos panegíricos. 

Por entonces, también, aparecieron numerosos artículos y notas sobre el arequipeño, incluso en época temprana, como confirma Mariátegui cuando escribe que Hidalgo “creciendo, creciendo, ha adquirido efectiva estatura americana”.

 Lamentablemente, el análisis y la evaluación de la obra hidalguiana en su época, si bien llegó a ser cuantiosa, no tuvo un correlato en su calidad, por la carencia de marcos teóricos claros, o de solventes metodologías de interpretación, apelándose profusamente al puro impresionismo. 

Muerto Hidalgo, las décadas siguientes lo silenciaron sin escrúpulos. Recién en los últimos años se redactaron algunas notas y artículos, asomaron antologías, re-ediciones, y libros que incluyeron flamantes lecturas de la obra hidalguiana –lo último hace referencia a los aportes de Mirko Lauer en “La polémica del vanguardismo” y en “Musa mecánica”. En resumidas cuentas, entonces, aún cuando los recientes trabajos echan positivas luces, todavía se espera el libro sistemático que aborde con remozada y rigurosa versación el legado de “este gran poeta, uno de los cuatro mayores del Perú –según palabras de Sánchez- y acaso uno de los siete u ocho mayores de América”.

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Para concluir desde aquí les recomiendo otro articulo de Alvaro Sarco sobre Hidalgo. Se titula Alberto Hidalgo como cuentista






miércoles, 4 de agosto de 2010

ENTREVISTA A ALVARO SARCO (Primera parte)



ENTREVISTA A ALVARO SARCO (Primera parte)

Por Carlos Dearma / Escritor, docente e Investigador, Álvaro Sarco nació en Lima por 1970. Ha realizado estudios de derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú y curso Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Como compatriota de Alberto Hidalgo ha sido una de las personas que, labor exhaustiva de investigación mediante, dio luz a algunos de los trabajos más interesantes que hay sobre el arequipeño. Y que cabe destacar por su rigurosidad científica. Muy amablemente accedió a responder algunas preguntas para este blog. A continuación la primera parte de la entrevista.

Álvaro antes de comenzar con las preguntas sobre Alberto Hidalgo, quería agradecerte tu predisposición a esta entrevista y pedirte algunas respuestas acerca de tu labor profesional y literaria:

1-Se que realizaste estudios de derecho: ¿Eres profesor y abogado? ¿Cuándo y, quizás sería mejor preguntar, por qué crees que surgió en ti la vocación por la literatura?

Tengo concluida mi carrera de Literatura, la de Derecho se quedó a medio camino. De lo primero soy investigador y docente. Supongo que mi vocación literaria surgió tempranamente, desde muy chico me interesó la ficción escrita.

2-Pude leer hace un tiempo uno de tus cuentos (se trata de “Viernes de miércoles”) y supe que estabas preparando un libro: ¿Cómo vas con ese trabajo?

Pienso publicar una colección de cuentos este año. Ya terminé la selección y la revisión. Si no hay un inconveniente mayor, ese libro verá la luz en octubre.

3-He pensado, hasta hace muy poco, en Hidalgo como una especie de “maldito” dentro de la literatura latinoamericana y precisamente por ser un personaje polémico y casi olvidado, por lo menos en la Argentina. Tu le has dedicado mucho de ti: ¿Por qué y cuando apareció tu interés por “Alberto Hidalgo” como tema de lectura, estudio y reflexión?

A Hidalgo lo conocí por Mariátegui. Fue por indagación personal, ya que no se enseña a Hidalgo en el colegio. Me atrajo el corte vanguardista de sus poemas. En esa época -comienzos de los noventas- andaba interesado en Oquendo de Amat, y buscando poetas de similar estética, di con Hidalgo en la clásica nota que Mariátegui le dedica. Desde entonces fui inquiriendo por la obra del arequipeño.

4-¿Qué repercusión ha tenido tu obra en Perú sobre Hidalgo, me refiero a “El genio del desprecio”?

Tuvo una generosa aceptación. El crítico literario Ricardo González Vigil –en su balance del año 2006 en El Comercio- destacó a “El genio del Desprecio” entre los aportes en crítica literaria de ese año.

Mientras esperan por la segunda parte de esta entrevista, desde aqui les recomendamos un articulo de Alvaro titulado "Alberto Hidalgo como libelista"


jueves, 22 de julio de 2010

PASION Y TRAGEDIA DEL BIBLIOFILO (1946)



Por Carlos Dearma / Pude descubrir en mis lecturas de Hidalgo varias colaboraciones para con diarios y revistas. En este caso elegí una del año 1946. Se trata de un escrito para la Revista Fénix llamado “Pasión y tragedia del bibliófilo”. Con él me encontré nuevamente “identificado” por dos razones: La primera de ellas es por mi condición de “bibliófilo”; la segunda tiene que ver con las conclusiones de Hidalgo sobre los libros como “parientes”: Una frase muy sabia de su pensamiento y para ser tenida en cuenta entre las grandes frases de la literatura acerca de los libros.


Pasión y tragedia del bibliófilo

Por Alberto Hidalgo / Siempre voy a los cines con la esperanza de de ver en la pantalla el dibujo animado de los libros, correspondiente al de los ratones en el sueño de Hamerlin. No sé cómo este tema ha escapado a la imaginación estupenda de Disney, Issing, Fleisher, los otros magos del trazo viviente.


Si el hombre que compra un libro, el primero, pensara en el poder de multiplicación que los libros tienen se abstendría, seguramente, de hacer ese dispendio. Pues son como los bacilos o las polillas, poseen una asombrosa facultad de reproducción. Dentro de una envoltura y atado con hilo de cáñamo, entra uno, tímidamente, en las casas, bajo el brazo de las personas; lo desprenden de sus ligaduras, lo miran todos, la esposa, los hermanos, los hijos; al cabo de unos cuantos días, en que se lo ha llevado a la oficina, ha contemplado las calles desde la ventanilla de un asiento de tranvía o ha dormido bajo la almohada de alguien, para conciliar el sueño, lo condujo a su lecho, alguien lo deja abandonado sobre una mesa, encima del aparador, en cualquier parte.

Leído ya por todos, nadie se ocupa de él, pero a él le duele la soledad y, cautelosa, subrepticiamente, comienza a trabajar el espíritu de sus dueños, a taladrarles la conciencia para que le proporcionen un compañero, hasta que una buena tarde otro libro, también tímidamente, enfundado en su envoltura y atado con hilo de cáñamo, entra en la casa, esta vez de la mano de una dama y quizás codeándose con un maloliente paquete de queso o de cebollas. El recién venido inicia su peregrinación de ojos a ojos, para terminar reposando en un sofá, sobre la cornisa del ropero, encima del radiador de la calefacción.

Y empieza el idilio. Desde lejos, los dos tomos se hacen significativas guiñadas, suspiran, se envían los efluvios de una pasión naciente. Los besos son a la distancia y los ademanes tienen valor de promesa.

Mensajes inalámbricos se cambian los corazones de papel, el alma de las líneas, la tinta, que es su sangre. De repente, una mosca, un insecto vuelan de un volumen al otro y entre sus alas transportan, sin saberlo, los recados de una ternura inefable. No puede durar mucho tiempo, sin embargo, la separación de los cuerpos. Los seres que se quieren concluyen en el registro civil o en las casas de cita. Un día de limpieza, el día señalado para poner orden en el hogar, alguien automáticamente, obedeciendo a un misterioso, un recóndito mandato, junta, por fin, los libros, ¡Oh, qué abrazo!

Ningún casal se forma para cruzarse de brazos y la nueva pareja no puede ser excepción en la regla. Pronto arriban volúmenes y más volúmenes. Cuatro, ocho, quince, treinta se muestran, despatarrados o prolijos, sobre las mesas, en las sillas, junto a las lámparas, a veces a caballo sobre los objetos de adorno, sobre los potes, encima de un baúl, tirados en el suelo.

Es entonces cuando nos decidimos a comprar una repisa. Mas tarde, la repisa no basta y adquirimos un armario de dos o tres pisos. Viene, en seguida, la biblioteca. Como no carecemos de condiciones de previsión, la encargamos de una capacidad superior a la exigida por las necesidades momentáneas. Pero en cuanto nos la traen y acomodamos en ella todos los testimonios de nuestra cultura, viendo que quedan vacíos dos anaqueles y eso afea el espectáculo del recinto, pues poco a poco nos hemos ido dando cuenta del valor también decorativo de los libros, corremos a las librerías y traemos unos cuantos, los precisos para llenar los huecos del magnifico mueble.

Quizás nos llamamos a sosiego una, varias semanas. Al salir de la habitación, al entrar en ella damos una mirada de afecto al erudito escaparate. A cenar o a beber una copa invitamos a amigos como pretexto, pero en realidad para mostrarles aquello e inducirlos a pensar en nuestra sabiduría. Mas los libros no se duermen en sus laureles. Siguen ejerciendo sus esotéricas influencias para que su número aumente y aumente sin cesar. Tienen poderes desconocidos, imanes invisibles y secretos con los cuales atraen a sus semejantes.

Otras estanterías, otras bibliotecas se suman a la primera. No hay un claro en las paredes, entre puertas y ventanas, donde no hayamos ubicado una, por supuesto mandada a construir de medidas especiales. Ya no sólo están los libros en la sala de recibo, en el escritorio, sino en los dormitorios, en el vestíbulo, apilados en los rincones, bajo las camas. Nuestra mujer, si somos casados, nuestra madre o nuestras hermanas nos reprochan constantemente la manía en que hemos caído y nosotros comprendemos que tienen razón, nosotros mismos nos percatamos de sus inconvenientes, sufrimos por ellos, pues no dejan espacio en el bufete para escribir, en la mesa para comer, en el sofá para recostarnos, en la botinera para guardar zapatos. Pero nada podemos hacer para evitarlo. Los libros son un vicio tremendo.
Así las cosas, un día, por efecto de una digestión difícil, nos dormimos en un sillón y soñamos. Los libros saltan de sus estantes y se agrupan en torno a nosotros, mientras centenares, millares de otros más entran por la puerta, por las ventanas. Miles y miles de libros, trepándose unos encima de otros, llenan por completo la habitación, toda la casa. Cubiertos totalmente por ellos, nosotros y nuestros familiares perecemos asfixiados, exhalamos el último suspiro. Desde la muerte, aun clamamos: “¡Libros, más libros!”



Cuando un individuo, que tiene la pasión de los libros y ha tapizado con ellos todos los muros de su mansión, sueña que estos terminan cubriéndolo y asfixiándolo, tras de haber imposibilitado sus movimientos e invadido mesas, sillas, cama y hasta desparramándose por el piso, no piensa, lógicamente, sino en la manera de liberarse de esa amorosa opresión.

Lo primero seria arrendar una morada más grande y reservar la más vasta de sus habitaciones exclusivamente para biblioteca, con la terminante prohibición de trasladar volúmenes, bajo ningún pretexto, a los cuartos restantes. Pero en la práctica esto es imposible. Los libros caminan. Tienen unas patitas invisibles con las cuales siguen como perros a las personas, irrumpiendo de pronto en el comedor, en la sala, en los dormitorios. No hay aposentos en los anaqueles de cuya biblioteca se queden quietos indefinidamente. Cuando menos se lo sospecha, alguno pega un salto y se introduce en las otras piezas para refrescar la memoria de los dueños sobre una doctrina social, un principio de física, una creación poética. Y eso es solo el comienzo. Luego se producen desbandes en masa.

Una cosa es pensar en una mudanza y otra acometerla. Los alquileres andan por las nubes. ¿Valdrá la pena elevar nuestro presupuesto sólo para evitar el retozo de los libros relegándolos a un recinto especial? Y aun si nos dispusiéramos a hacer ese sacrificio económico, ¿Será fácil hallar casa? En todas partes, en cualquier ciudad del planeta la crisis de la vivienda es hoy malestar insalvable. Por otro lado, ¿De que serviría ese dispendio si al poco tiempo habría que incurrir en uno mayor, por ser forzoso destinar, no una sino dos o tres piezas a morada de los libros, pues estos, según sabemos, se multiplican con asombrosa velocidad? A quien de veras los ama, los pesos no le paran en el bolsillo: concurre a las librerías y adquiere todo cuanto se edita. ¡Y se edita tanto!

Estudiados los pro y los contra, impónese la renuncia al cambio domiciliario. Uno debe quedarse donde está e intentar la resolución del conflicto por otra vía. Acuciando el magín, surge una formula considerada feliz: encajonar la biblioteca y alojarla en el sótano o en el desván. Ponemos manos a la labor. Mandamos traer unos arcones, acariciando el propósito de no guardarlos todos, sino dejar cerca de nosotros los que mas amamos, estos tomos de poemas, aquellos de filosofía, esos de ciencia, algunos de artes plásticas, nuestros Shakespeares, nuestros Baudelaires, la obra completa de Hegel, determinadas colecciones, etc. Mas al empezar la tarea y ya puestos en trance de decidir preferencias, las vacilaciones nos asaltan. ¿Por qué enviar al ostracismo a unos y a otros no? ¿Es que un Dante, un Novalis, un Heidegger valen menos que los autores mencionados? 

No puede haber hijos y entenados, ¡El encierro debe ser unánime! Y cuando finalmente los cajones se llenan, una triste emoción nos embarga en el instante de ver que se conduce a entablar amistad con las sombras. Nos parece que aquellos fueran ataúdes donde descansarán los últimos despojos de amigos bien queridos; es algo como si tuviéramos la impresión de asistir al sepelio de nuestra cultura.

Sin embargo, el símil es totalmente inexacto. La muerte es un suceso fatal e irreparable al que siempre, tarde o temprano, terminamos resignándonos, y algo nos dice que los libros no están muertos. Los conceptos, los sentimientos y los personajes domiciliados en sus páginas pugnan minuto a minuto por salir. Quieren los dos primeros volver a la superficie para entrar de nuevo en relación, mediante el mecanismo de la lectura, con los cerebros y los espíritus. Anhelan los segundos convivir otra vez con los hombres una existencia a la que tienen derecho, pues aunque no sean de carne y hueso son criaturas hechas a imagen y semejanza de las demás, pobladores del mundo del pensamiento.

Los libros amontonados en los baúles son algo así como los ciudadanos de las cárceles, con la diferencia de que aquellos no han cometido crímenes ni pecados. En las noches, cuando todo duerme, alguien, de pronto, se despierta sobresaltado, porque la madera de los cajones cruje extrañamente, parece rajarse como cediendo a la presión de fuerzas desconocidas: son los protagonistas de las novelas, los seres palpitantes de los dramas y las tragedias y hasta las figuras de los cuadros celebres reproducidas en laminas a todo color que se rebelan contra la oscuridad y al ahogo a que se los condenara. Quieren escapar de sus calabozos, ayudados en eso por las ideas, pues estas son como los gases o los átomos, los cuales poseen un fabuloso poder de expansión y bajo ciertas condiciones pueden hacer estallar las paredes del recinto que los contiene.

Casi no hay hombre de estudio que no se haya visto enfrentado al problema de los libros que inundan-perdón por el vocablo-su casa y se la tornan irremediablemente incomoda. Muchos hemos acudido al expediente del enjaulamiento, pero pocos, quizás ninguno, tienen duro el corazón para con ellos. Entre alborozo y llanto se concluye libertándolos. Y es que los libros son los parientes más próximos, y más estimados, de cuantos tenemos fe en las creaciones de la inteligencia. Alberto HIDALGO.

Tomado de Revista Fénix de la Biblioteca Nacional de Lima. 2º semestre 1946. Nº4

domingo, 11 de julio de 2010

POEMAS CON PATRIA: CARTA AL PERU (1953)



Por Carlos Dearma / Los poemas dedicados a su patria son una constante en los últimos años de la vida de Hidalgo, también en los que puede notarse mas su preocupación social. En una entrevista, el poeta peruano José Ruiz Rosas se refería a Alberto Hidalgo de esta manera: "Era un escritor furibundo, antiaprista a muerte, panfletario. En Arequipa le tenían miedo y respeto, pero tenía el propósito de reconciliarse con su pueblo. Se mostró culto, amable y generoso, se interesó por los poetas jóvenes. Hidalgo es un caso de escritor rebelde, iconoclasta, irreverente." Quizás esa intención de "reconciliarse con su pueblo" a decir del venerable y querido don José, sirva para explicar en parte esta preocupación, reflejada en su poética. En 1953 se editó "Carta al Perú", de allí extraje el poema número 2 que reproduzco a continuación:

ALBERTO HIDALGO - CARTA AL PERÚ

2

Tú estás hecho Perú de patria y pueblo
de cantidades desconocidas pero bien sumadas
de la tinta con que se escriben poemas y canciones

Estás hecho de tierra y de años
de ráfagas de paloma y de pedazos de león
de la materia prima del coraje
que al no ser provocado disputa suavidades a la
seda

Estás hecho del dialogo perdido de los árboles
y del rocío que cuelga de la palabra esperanza
de aquello que se pierde en el trayecto y está
presente en el transcurso
de lo jamás coleccionado en los relojes
pero afirmado en toda ausencia

Estás hecho de disidencias con lo fácil
de capitulaciones con lo grande
de triunfos sobre todo lo que te odia
y derrotas por todo lo que te ama

Estás hecho de lo que quieres y lo que te quiero
de lo que a ti te nada cuando en una vihuela te
zambulles
de lo que a mí me piensa cuando me pongo a
contemplar tu historia
de lo que yo te agüeito desde lejos a través de
mis ondas
como por una cerradura que se quedó sin sueño

Tomado de Alberto Hidalgo: Carta al Perú. Editorial El Ateneo. Bs As. 1953. 77 pgs.

martes, 6 de julio de 2010

BANDERA DE LA VIDA o LA POESIA COMO BANDERA



BANDERA DE LA VIDA

Por Carlos Dearma / En 1967 (año del fallecimiento de Alberto Hidalgo) es publicada su primera Antología Personal. Antología de poesía que, hasta donde se, fue su último trabajo realizado: Es el mismo Hidalgo quien selecciono cada uno de los poemas que la integran. 

En una entrevista concedida a la revista Vosotras, publicada el 19 de enero de 1967, él mismo lo aclara: En estos momentos he terminado una antología. Allí advierto que mis poemas pueden agruparse en cuatro grandes motivos: los de “Poemas con esencia” o sea los de aquellas composiciones que revelan una raíz metafísica y profunda. Otro tema son los “Libros del Perú”, en donde trato el abolengo, la piedra, la raza de los incas a la que pertenezco. “Edad del corazón” significa el tema del amor, y finalmente debo mencionar la preocupación social, como aparece en “Poesía inexpugnable”, por ejemplo. 

El libro es una edición del CEAL, Centro editor de America Latina, aquella venerable editorial creada por Boris Spivacow y salio del taller de impresión en junio de 1967, unos meses antes de la muerte de Hidalgo. 

En la contratapa recuerda que la obra del autor: …acaba de recibir el primer premio en el concurso instituido por “Fundación de la poesía” Elegí publicar aquí uno de los poemas elegidos por Hidalgo. En particular “Bandera de la vida”. Espero les guste tanto como a mi.

Bandera de la vida por Alberto Hidalgo

Yo digo el fuego
el fuego cuyo volumen ignoran geometrías
cuadrado en sus paredes de llama
cilindro blando en la angustia de la mano opresora
violenta espada en el aire blandida
lengua asentada en el viento como una hoja
de afeitar
Estoy diciendo el fuego

Está en los ojos para que alumbre las miradas
en las de la ternura y en las de la maldad cuando
se cruzan como enemigos en calle de rencor
está en el amor para que arda y esta en el odio
para que se queme
lo ven los hombres y las cosas lo sienten pero lo
callan
y yo lo digo

Yo digo el fuego en la palabra que lo nombra
y en las que no lo nombran también lo digo
Es lo que suena en la voz
es lo que vibra en el canto
y por eso esta dicho en todos los vocablos que
ilustran la garganta
grandes desde el tamaño de las letras hasta Dios

Todo es forma del fuego
desde el agua roja de las venas hasta la sangre
blanca de los ríos
desde el mutismo que nos calla las penas hasta el
grito que ofrece los dolores
el mismo llanto es uno de sus modos de ser

Se lo dice en las manos de la despedida
y en la puñalada enemiga de la noche alevosa
también se lo dice
cuando se piensa y se calla lo que se piensa porque
el silencio es una cúpula de incendio
cuando se muere

El aire lo lleva en sí como a la trasparencia
el agua
mueve el viento ¿ráfagas? Llamaradas
cuelga los árboles sobre la tierra y en ella mete
sus raíces para escudriñarla
en el cielo es azul y en el mar
la montaña lo llama nieve
y los jardines lo pregonan en heridas de flores

Está en nosotros inseparablemente con la
naturalidad con que el color está en el vino
por él andamos y nos caemos y volvemos a levantarnos
agarrándonos de un trozo de su esfuerzo
unas veces lo llamamos música pero los pianos nos
cuecen el alma
otra poesía cuando hasta nos han tostado la carne
los recuerdos
¡ay! Pero a disimularlo no llegaremos nunca

Bandera de la vida izada en lo mas alto de los
hombres
yo dejo dicho el fuego
lo dejo dicho para siempre


ALBERTO HIDALGO