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domingo, 5 de julio de 2015

ALBERTO HIDALGO: EL ANTI-BORGES


En la imagen: Los jóvenes, Alberto Hidalgo (arriba) y Jorge Luis Borges (debajo)


ALBERTO HIDALGO: EL ANTI-BORGES

Por Carlos Dearma / Quizás debería decir algo así como que este escrito es una especie de… “regreso”. 

En los últimos años mantuve un silencio total con respecto al blog de Alberto Hidalgo; las razones son múltiples y no corresponde aquí ahondar en ellas. Solo que problemas familiares y personales ineludibles me obligaron a abandonar esta tarea. Primero pensé que iba a ser por un corto periodo de tiempo, luego pasaron cuatro años. 

Logré recuperar mi cuenta del blog y aquí estoy nuevamente. Con algunas ideas y nuevas ganas.

Para retomar elegí un texto corto que refleja la reputación libelista de Hidalgo. Sabemos que el arequipeño no tenía pelos en la lengua a la hora de lanzar sus impiadosas críticas.

Y su pluma afilada tampoco. Transcribo una carta donde el blanco de su ira es el mismísimo Jorge Luis Borges. Al parecer don Alberto y el venerable Jorge Luis tuvieron este cruce cuando el argentino escribió una crítica desfavorable sobre un poemario del peruano, desliz que Hidalgo no perdonó ni dejo pasar. Espero les resulte interesante. Hasta pronto.



Por Alberto Hidalgo.

Querido Borges: Voy a refrescarle la memoria. Hace unos meses, varios, muchos, una noche, pasadas las 24, frente a la Confitería del Molino, Ud. tuvo un breve apuro. Quería acompañar a una amiga hasta su casa, en Villa No Sé Cuántos. El automóvil costaría, según sus cálculos, 3 o 4 pesos. Como Ud. no tenía ninguno, yo le presté diez, de modo que Ud. pudo irse con la chica, solos los dos, y juntos, dentro del auto y bajo la noche. 

Y de seguro no pasó nada. ¡Nunca pasa nada entre Ud. y una mujer! Corrió el tiempo. Cierta vez, en el Royal Séller, extrajo Ud. su cartera y de ella un billete, nuevecito, de diez pesos, con desánimo de dármelos. Eran para abonar la consumación. 

Pero me dijo:
—No tengo sino esto. El miércoles cobraré un artículo en “La Prensa”.
—¡Hombre!— le respondí, ¡cuando usted pueda! ¡No faltaba más!

No volví a verlo. Desapareció de la tertulia y olvidó la cuentecilla, no obstante de haber cobrado, de seguro, varios artículos en “La Prensa”.

Ahora bien: desde hace algún tiempo, todo lo que usted escribe me parece malo, muy malo, cada vez peor. ¡Ud., con tanto talento, escribiendo puerilidades! ¡No puede ser! Temo que mi juicio adolezca de parcialidad, a causa de los diez pesos que me debe. 

Páguemelos, querido Borges. Quiero recobrar mi independencia. ¡Concédame el honor de volver a admirarlo! Por otra parte, el dinero es sucio. Ud. y yo estamos por encima de él.

Haga, pues, una cosa decente: vaya a una librería, compre unos libros por valor de diez pesos, y me los manda por correo certificado. 

Los libros que, a su juicio, yo deba leer y los cuales —imagino— no serán los suyos. Nada más. Eso será suficiente para que pierda mi carácter horrible, de acreedor. Presente mis respetos a su familia. A Ud. yo lo recuerdo constantemente. ¡Y no por la deuda!

Un estrujón de manos. A.H.




jueves, 4 de noviembre de 2010

ENTREVISTA A CARLOS GARCIA (HAMBURG)



Con un atraso motivado por cuestiones personales tengo ahora el gusto de publicar una nota a Carlos Garcia (Hamburg). Carlos es un estudioso de la obra de Alberto Hidalgo, con una larga trayectoria literaria. Agradezco a él su colaboracion con el blog y pido disculpas por este retraso en una nota que habiamos prometido para el mes de agosto pasado.

Carlos antes de comenzar con las preguntas sobre Alberto Hidalgo, quería pedirte algunas respuestas acerca de tu labor profesional y literaria:

1. Naciste en Buenos Aires y podemos decir que es una ciudad con mucha literatura: ¿Cuándo surgió tu interés por la literatura? ¿Qué autores leías? ¿Publicaste tus primeros trabajos allí?

Siempre fui un lector, especialmente de prosa: desde los libros de aventuras de la infancia, hasta las novelas, los cuentos y libros de investigación o manuales casi sobre cualquier tema, primero provenientes de la bien surtida biblioteca paterna, luego de la propia. En Buenos Aires trabajé, además, algunos años como librero, con pasión.
Escribo desde los 16 años. Comencé, como otros jóvenes, con poemas y cuentos. Produje, además, seis novelas, que jamás mostré a nadie, porque no eran buenas. Ahora lamento haberlas destruído: tendrían al menos un curioso valor testimonial.
En cuanto a mis lecturas de joven y adulto, fui un snob, quizás por haber sido educado en una escuela inglesa: leí casi todo lo que venía de Europa occidental (en especial, Inglaterra y Francia, sobre todo los clásicos), y poco de lo producido en Argentina, con excepción de Cortázar, Arlt y algún otro. A Borges lo descubrí ya veinteañero, por casualidad: una amiga de mi padre perdió un libro de Hermann Hesse que yo le había prestado, y a cambio me dio Discusión. A partir de ese momento me convertí en un lector de Borges, cuya vida y obra estudiaría más tarde.
Mi primera publicación tuvo lugar en 1995. Se trataba de un cuento titulado “Peligrosa afinidad”, que adoptó generosamente la revista Proa (tercera época).
A partir de allí, sólo publiqué artículos, ensayos y libros en diversos países: Argen¬¬tina, México, España, Brasil, Uruguay, Dinamarca, Estados Unidos... En total, publiqué en los últimos 15 años unos 150 títulos, de los cuales 13 son libros. En Madrid soy, además, uno de los redactores que hacen la revista Boletín RAMÓN, fundada y dirigida por Juan Carlos Albert, dedicada exclusivamente a comentar vida y obra de Ramón Gómez de la Serna.

2. Vivís actualmente en Alemania: ¿Por qué esa elección? ¿Tuvo la “mudanza” que ver con tu labor literaria?

La mudanza no tuvo lugar por cuestiones literarias. Abandoné Argentina en 1977, asqueado ante la realidad política, social y cultural, luego de que una banda de ineptos, asesinos y chupacirios se alzó con el poder en 1976.
Pasé de Buenos Aires a España. Tras vivir allí dos años me radiqué en el norte de Alemania, donde vivo desde 1979. Hacia esta tierra, que originalmente no había figurado en mis planes (Europa era para mí apenas España e Italia, por cuestiones familiares, y Francia e Inglaterra por cuestiones culturales), me trajo una relación amorosa. Esa relación fracasó poco después, pero otras me retuvieron aquí. Vivo, perfectamente integrado y con dominio absoluto del idioma, con mi mujer alemana y sus hijos; tengo, además, una hija propia de otra relación, que ahora vive y estudia en Viena.
Desde el punto de vista literario, debo hacer algunas precisiones. Por un lado, yo no vivo, no podría vivir de lo que escribo. Para subsistir debo trabajar en cosas ajenas a la literatura. Pero Alemania permite al menos eso: trabajo sólo 35 horas por semana, y ello me da la holgura necesaria para dedicarme por las noches y durante los fines de semana a escribir.
Pero el país que, quizás sin saberlo, hizo más por mí desde el punto literario es España. Lo cultural es allí apoyado por instituciones estatales de una manera que, a pesar de lo perfectible que pueda ser, debería servir de modelo a otros países, incluída la Argentina. Casi todos los libros míos aparecidos en España pudieron hacerlo porque el Ministerio de Cultura aportó un subsidio; de otro modo, las editoriales no podrían publicar esa clase de libros, que no se amortizan o lo hacen, a lo sumo, a muy largo plazo.

3. Sé que has realizado trabajos de investigación sobre Borges y Macedonio, autores que, podemos decir, son muy visitados por los investigadores. Sin embargo, tú has elegido facetas poco tocadas: ¿Podrías ampliarnos un poco la información acerca de esos trabajos?

En mi opinión, la mayor parte de los libros que se escriben sobre Borges son superfluos: unos copian más o menos aplicadamente lo que otros dijeron, o se limitan a repetir lo que dijera Borges. Si bien ha comenzadoa cambiar, eran muy pocos los autores que tomaban a Borges, no como objeto de veneración, sino de estudio. Yo aspiro a enrolarme en las filas de quienes se dedican a lo segundo, y hacer allí un aporte propio. Soy uno de los primeros que se acercó a Borges con una mirada filológica, de los que investigaron en las condiciones de producción y en su entorno literario. Por otro lado, advertí que la mayor parte de quienes escriben ensayos sobre la obra de Borges apenas se han tomado el trabajo de investigar en archivos, institucionales o privados; yo preferí seguir ese camino. Ello me permitio descubrir algún que otro texto, y acceder a numerosas cartas de Borges. Publiqué ya varios de esos epistolarios, en ediciones comentadas: con Jacobo Sureda y Maurice Abramowicz (Cartas del fervor, 1999), con Macedonio Fernández (Correspondencia Macedonio-Borges, 2000), y recientemente con el mexicano Alfonso Reyes (Discreta efusión, 2010). Para mi uso personal tengo hechas muchas otras ediciones comentadas de epistolarios borgesinos, que quizás alguna vez pueda dar a luz.

4. El peruano Alberto Hidalgo es un personaje que eligió Buenos Aires para vivir. ¿Por qué y cuando apareció tu interés por “Alberto Hidalgo” como tema de estudio e investigación?

Llegué a Hidalgo, como a muchos otros temas y autores, a través de Borges. Recuérdese que se atribuye a ambos, junto al chileno Vicente Huidobro, la edición de una antología poética, titulada Índice de la nueva poesía americana (1926). Demostré en mi trabajo “El Índice de Hidalgo” que esa compilación es obra exclusiva del peruano. Mi investigación al respecto iba a formar parte de una reedición comentada y anotada de la antología, que debía publicarse en España a cargo de Juan Manuel Bonet. Pero la editorial decidió renunciar al proyecto. Me alegra que, al menos, se disponga ahora de la reedición hecha por la librería anticuaria Sur, de Lima, aunque ese libro hubiera merecido varias notas, de las que desafortunadamente carece.
Aunque ese proyecto fracasó, y como paralelamente entré en contacto con Álvaro Sarco, me entusiasmé por investigar a fondo vida y obra de Hidalgo. Como producto de ese interés, aporté una nota sobre el cuento “El plagiario” a la reedicón de Los sapos y otras personas (2005), seis ensayos y una extensa bibliografía para el volumen colectivo El genio del desprecio (cuyo título propuse al editor) y obtuve para ese libro colaboraciones originales de los argentinos Martín Greco, Sergio Baur, May Lorenzo Alcalá y Ariel G. Fleischer, así como del mexicano Evodio Escalante. Recientemente dí a luz en Madrid una reedición de España no existe (2007) y preparo, como ya dije, la edición comentada de su epistolario con Reyes, que saldrá en México y / o en Perú. Preparo también una exhaustiva bibliografía suya, que consta ya de varios centenares de títulos. Si a ello se agrega que planeaba un libro sobre Hidalgo en conjunto con Martín Greco, se podrá deducir mi interés en él y su obra. A decir verdad, el mayor aliciente para ello era precisamente la falta de estudios y el desconocimiento, por parte del público, de su vida y obra. Al trabajar dejo siempre de lado mis gustos personales, que van en direcciones diferentes a lo hecho por Hidalgo.

5. He leído un artículo de Ariel Fleischer sobre Hidalgo titulado “Un vanguardista peruano en las pampas” (quizás tú lo conoces); tú también has estudiado al “joven” Hidalgo. ¿Qué opinión te merece a ti este mote de “vanguardista” en Hidalgo? ¿Qué cualidades debería reunir un artista de vanguardia? ¿Qué rastros de esta actitud de “vanguardia” podemos encontrar en el Hidalgo de los años adultos?

Sí, conozco el trabajo de Ariel Fleischer, a quien gané para el volumen El genio del desprecio, donde publicó un interesante ensayo sobre Hidalgo el poeta argentino Bernardo Horrach.
A riesgo de atraer ciertas iras, y a pesar de que soy, con Dieter Reichardt, autor de una obra standard sobre la literatura de vanguardia en Argentina, Uruguay y Paraguay, diré que creo que no hubo en Hispanoamérica una vanguardia en el sentido en que sí la hubo en Europa. La nuestra es, por un lado, derivada de la europea, y por otro “contaminada” con lo autóctono (criollismo, negrismo, indigenismo, etc.). de modo que, si acaso, sólo puede hablarse de una vanguardia sui generis.
Hidalgo fue, a pesar de algunas ínfulas que parecían entroncarlo con el futurismo de cuño marinettiano, en sus comienzos apenas un tardomodernista. Ninguna de sus realizaciones posteriores lo llevó más allá de lo que se hizo en Francia, Italia, España o Argentina. Lo que de vanguardista tenía Hidalgo se agotaba más bien, a mi entender, en el gesto, en la pose, que es lo que conservó hasta el final. Ello no quiere decir que su obra no merezca atención y estudio: una trayectoria literaria de más de 50 años merece mi mayor respeto, y lo obtiene.

6. A decir de su compatriota Álvaro Sarco, Hidalgo es un autor poco leído actualmente y, le agregaría, casi olvidado, por lo menos en la Argentina: ¿Qué repercusión tuvo tu trabajo sobre “España no existe”? ¿Qué te “interesó” sobre el mismo?

En efecto, Hidalgo está olvidado en Argentina. Apenas algunas de las nuevas reeediciones, así como las publicaciones del amigo Sarco y de alguno de mis trabajos están haciendo algo por su recuperación. Pero estas publicaciones han tenido poco impacto en Argentina. Descontando la falta de interés general por cuestiones de la historia literaria, a Hidalgo lo perjudicó su carácter, pero también el hecho de haber sido, siquiera por un tiempo, antisemita y fascistoide, según mostró mi amigo y colega Martín Greco en un excelente ensayo recogido en El genio del des¬precio.
En cuanto a mi reedición de España no existe, no he recibido aún ninguna liquidación de la editorial española-alemana, pero calculo que se habrán vendido unos 500 o 600 ejemplares. La cantidad muestra la desproporción entre el interés que reciben estos proyectos y su importancia intrínseca.
Ya que hablamos de ese libro, no estará de más mencionar que incluí en él no sólo el texto España no existe, de 1921, sino además todos los pasajes relacio¬nados con autores españoles procedentes de otro libro de Hidalgo: Muertos, heridos y contusos (1920). De mi propia cosecha agegué “Ubicación de Hidal¬go”, “Notas sobre España no existe”, “Alberto Hidalgo y Guillermo de Torre (1920-1933)” y una versión actua¬lizada de “El Índice de Hidalgo”.
A mí me interesó el proyecto, más que nada, porque permitía vislumbres intere¬santes en la época (1920-1921) que yo venía estudiando desde otras perspectivas, relacionadas con el joven Borges, con el ultraísmo español y con la trayectoria de Guillermo de Torre.

7. Sé que trabajaste sobre la correspondencia entre Hidalgo y el mexicano Alfonso Reyes. ¿Podrías ampliarnos un poco sobre este punto?
El intercambio epistolar conservado entre Reyes e Hidalgo es relativamente exi¬guo, consta de pocas cartas, pero trasunta un profundo malentendido y disgusto entre ambos. Se habla a menudo de Alberto Guillén como imitador de Hidalgo. El volumen que estoy preparando se titulará “Cartas peruanas”, y contendrá las misivas intercambiadas por Reyes tanto con Hidalgo como con Guillén. De modo indirecto, se podrán apreciar en ese trabajo las diferencias de caracter y temperamento, pero también literarias entre Hidalgo y Guillén. Yo siento un gran aprecio por Alfonso Reyes y su ingente obra. Será este el cuarto volumen de sus epistolarios que yo edite: ya di a luz su correspondencia con Guillermo de Torre (Valencia, 2005), con Vicente Huidobro (México, 2005), y con Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Macedonio Fernández y Evar Méndez (Madrid, 2010). Planeo además las ediciones en sendos volúmenes de su intercambio con Ramón Gómez de la Serna y con José Ortega y Gasset.

8. ¿Cómo definirías a Alberto Hidalgo? ¿Qué opinión te merece su obra?
Como ya di a entender en un pasaje anterior de esta entrevista, no soy devoto de la obra de Hidalgo, pero sí respeto su constancia y su laboriosidad. De entre sus trabajos, me quedo con las prosas y, sobre todo, con sus inefables libelos.
Por mi parte, sigo estudiando su obra con gusto y provecho, y escribo de vez en cuando sobre ella.

martes, 10 de agosto de 2010

ENTREVISTA A ALVARO SARCO (Segunda parte)



Por Carlos Dearma / A continuación tengo el gusto de publicar una entrevista a Álvaro Sarco en la que se extiende por la obra de Alberto Hidalgo. Hace unos años solo una parte de esta entrevista salio en un diario del Perú: Hoy y gracias a la amabilidad de Álvaro podemos leerla en su totalidad.

Genio y figura de Alberto Hidalgo (En la foto con su esposa Elisa Dearma)


DIÁLOGO CON ÁLVARO SARCO


¿Cuál fue la trayectoria de Alberto Hidalgo?

- Esta es una interrogante que exigiría una vasta respuesta. Me limitaré a señalar algunos hitos de su itinerario literario. En 1916, con la aparición de su poemario “Arenga lírica al emperador de Alemania. Otros poemas”, plasma por vez primera en el Perú ciertos elementos temáticos del futurismo italiano; la vindicación de la máquina, la fuerza entendida como expresión de una “voluntad de poder”, y la guerra como “eugenesia de la humanidad”. 

Así, no pocos críticos consideran a Hidalgo el introductor del futurismo –y con ello de la vanguardia- en el Perú. Pero es necesario precisar que juntos o insertos en los primeros poemas de ribetes futuristas hidalguianos, aparecen líneas o sonetos de estética modernista, de modo que el futurismo que ensayó Hidalgo en 1916, aún era un híbrido, una aproximación más bien superficial al movimiento de Marinetti.

En 1917, Hidalgo publica en Lima “Panoplia lírica”, poemario que contiene un extenso e interesante prólogo de Abraham Valdelomar. El espaldarazo del iqueño le permitió cierta presencia en el circuito literario limeño.

Pronto, sin embargo, debido a los libelos que publicó en 1916 en “Hombres y bestias” y en otras publicaciones periódicas, Hidalgo cosechó nutridos e influyentes detractores como Clemente Palma. Quizá básicamente por ello, Hidalgo viajó a Buenos Aires a finales de 1919. 

En 1920 visitó España, participando en las principales “peñas literarias”, en boga por entonces. En la peña del “Pombo” hizo migas con su director, Ramón Gómez de la Serna. De vuelta a Buenos Aires, participó notoriamente en el desarrollo de la vanguardia argentina, tanto como creador como animador literario.

En 1925 publicó su poemario “Simplismo”, que proponía su “ismo” particular, y en 1926 concretó su original “Revista Oral” –que según Antonio Requeni era una “especie de audición radiofónica”- con figuras como Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Francisco Luis Bernárdez, o un Leopoldo Marechal.

Descontando a Macedonio Fernández, la extrema beligerancia de Hidalgo lo distanció del resto de escritores argentinos mencionados.

En 1928 publicó su importante poemario “Descripción del cielo”, donde perfila una peculiar poética que ya no abandonaría, y edita su efímera revista “Pulso”. Para la década del treinta concreta poemarios de “madurez creativa” como “Actitud de los años” en 1933, y “Dimensión del hombre” en 1938.

En los cuarenta intenta teorizar sobre el fenómeno poético, y aun estético, en su “Tratado de poética” de 1944, y publica poemarios resaltantes como “Poesía de cámara” en 1948.

En la década del cincuenta la temática de sus poemarios señala una creciente añoranza por el Perú. De tal giro, aparece una de sus producciones líricas más significativas; “Carta al Perú” de 1953.

En adelante, su incesante potencia creadora da a la luz pública poemario tras poemario que, inevitablemente, reflejan también notorios altibajos. Uno de sus libros más celebrados por la crítica del momento fue su “Biografía de Yomismo” de 1959. 

Pocos años antes de fallecer, en 1967, incursiona en el último género literario no explorado por él; la dramaturgia. Cabe recordar que en la década del veinte había tentado el cuento, y en los cincuenta, la novela.

¿Cómo describirías la personalidad de Alberto Hidalgo?

- Su personalidad estuvo signada por la beligerancia. No tuvo sólo una beligerancia juvenil contra la generación precedente, tan común y que suele apagarse con el tiempo. 

Su empeño en denostar a los que castizamente se conocen como “vacas sagradas” persistió toda su vida. Las explicaciones biográficas dirigidas a despejar semejante actitud son significativas, pero lejos están de aproximarnos a las causas de manera segura.

 Lo verificable es la autenticidad de esa actitud en contra de lo “oficial”. Ahí están sus libros de crítica-libelista juvenil como “Hombres y bestias”, “Jardín Zoológico” y “Muertos, heridos y contusos”, o sus textos, declaraciones y actitudes de madurez que dan cuenta de una continuidad, de una consecuencia anárquica, quizá puramente “disolvente”, para usar un juicio de Mariátegui, pero consecuente al fin.

 Aquí es importante recordar la influencia de Manuel González Prada y Abraham Valdelomar en Hidalgo. El primero le confirió una perspectiva de los “males nacionales” y de sus “culpables”, y el segundo, un literario tono lúdico para abordar ciertas denuncias, tono que en Hidalgo trocó en mordacidad. 

Para Luis Alberto Sánchez, Hidalgo fue el primero en usar un lenguaje coprolálico en el libelo. Si bien todo indica que tal aserto no yerra, si nos quedáramos sólo con esta característica, los libelos hidalguianos no pasarían de burdas diatribas. 

Creo que la trascendencia de la libelística de Hidalgo se basa en su capacidad para zaherir armonizando una calibrada procacidad con una sustancial dote para metaforizar.

¿Cuáles consideras, a tu juicio, las obras más perdurables de Hidalgo?

- Ubicando a un lado el gusto personal, y con la salvedad que en poemarios que no citaré hay creaciones aun antologables, considero importantes para los estudios literarios el primer poemario de Hidalgo “Arenga lírica al emperador de Alemania. 

Otros poemas” por la inaugural impronta futurista que insertó en nuestras letras.

 También los poemarios experimentales “química del espíritu” y “Simplismo”, de 1923 y 1925, respectivamente, brindan claves del fenómeno vanguardista. 

Por perfilar la original y definitiva poética de Hidalgo, con su propuesta del “poema de varios lados”, así como por ser una sugestiva expresión de libro-objeto, rescataría a “Descripción del cielo” de 1928. 

Por sus hondas implicancias poéticas y por ser cabales muestras de un poeta ya dueño de sus capacidades expresivas mencionaría a “Actitud de los años” y “Dimensión del hombre” de los años treinta, “Edad del Corazón” y “Poesía de Cámara” de los cuarenta, y “Carta al Perú”, “Espaciotiempo” y “Biografía de Yomismo” de los cincuenta.

 Esto en cuanto a poesía. En lo que respecta a la labor libelista de Hidalgo, creo que “Jardín Zoológico” de 1919, “Muertos, heridos y contusos” de 1920, el folleto “Sánchez Cerro o el excremento” de 1932, y “Odas en contra”, son las producciones más representativas de esta faceta creativa del arequipeño. 

Me parece particularmente interesante el poemario-libelista “Odas en contra”, porque conjuga por primera y única vez los dos géneros que mejor desarrolló Hidalgo. Finalmente, me parece interesante, como singular ejemplo de prosa vanguardista, el libro de cuentos de 1927 “Los sapos y otras personas”. 

Algunas piezas de teatro contienen propuestas con alguna novedad, pero me parecen lo menos resaltable de la producción hidalguiana.


En la foto Alvaro Sarco

¿Por qué el libelo se considera, ahora, el principal género de Hidalgo?

- Puedo ensayar cuatro explicaciones: una primera referida a que el libelo exigiría una menor “competencia” en el lector para “decodificarlo”, y de ahí, su mayor probabilidad de vulgarización. 

En segundo lugar, el hecho de que el corpus poético de Hidalgo –pese a su importancia- es mayormente desconocido, incluso entre los involucrados en los estudios literarios. Una tercer explicación incidiría en el empeñoso afán de algunos enemigos del arequipeño por relevar la faceta libelista, “injuriosa”, de Hidalgo, para justamente roturarlo como un escritor meramente vociferante, y en consecuencia, delenezble, sepultando o minimizando su despliegue poético. 

Y, finalmente, estaría el propio Hidalgo, que en prólogos y entrevistas se encargó de afirmarse como el “primer libelista de todos los tiempos”. Esto lo entiendo como una expresión ególatra del arequipeño, quien prefería autoproclamarse como el primer exponente de un género para muchos discutible, a debatir cierta primacía poética con otros creadores.

El juicio de la posteridad a Hidalgo es duro. Sin embargo, ¿es posible que éste cambie?

- Mucho me temo que ni siquiera hay un juicio, al menos no un enjuiciamiento al margen de antipatías personales o de cofradía. Lo que existe, con las excepciones del caso, son tangenciales prejuicios heredados, pero sobre todo una monumental ignorancia de Alberto Hidalgo. 

Ahora bien, puesta sobre el tapete la obra de Hidalgo, no sé por qué esta época y las venideras esquivarían el aplicarse a su estudio. Y hablo del legado creativo de Hidalgo, que es lo que verdaderamente importaría o sería susceptible de estudio objetivo, y no de los inasibles pormenores de su biografía.

¿Se podría decir que algún escritor peruano haya seguido la senda de Hidalgo?

- Entre los escritores conocidos, el también arequipeño Alberto Guillén, evidenció en su obra y en sus actitudes alguna influencia de Hidalgo. También otros pretéritos admiradores de Hidalgo reflejan en sus obras su influjo. 

Pero tales discípulos no son más que episodios; ni lejanamente se aproximan al número de seguidores que originaron poetas como Vallejo o Neruda. Puede afirmarse que Hidalgo es un poeta “insular”, como Eguren, y que al igual que él, no dejó una “escuela”, pero ciertamente por causas distintas. 

Alguna vez Luis Alberto Sánchez se preguntó por qué siendo Vallejo un poeta de una mayor oscuridad discursiva que Hidalgo, tenía una popularidad y vigencia que alcanzaba a especialistas y aficionados. 

Quizá la posición de Vallejo, más “progresista” que el del “arbitrariamente violento” Hidalgo, en una época especialmente convulsionada para el mundo, influyó extra-literariamente en favor del primero. 

Ello –más allá, por cierto, de la magnitud poética de Vallejo- habría contribuido a que éste dejara una estela de seguidores y exegetas que impidieron su olvido o marginación.

¿Qué otras facetas de Hidalgo faltan por conocerse o, mejor dicho, a las que habría que prestarle más atención?

- En vida del arequipeño, aparecieron libros dedicados a explorar la poesía de Hidalgo. Todos de extranjeros. 

Obras como “Construcción de Alberto Hidalgo” de José Muñoz Cota, “Geografía de Alberto Hidalgo” de Gilberto González Contreras, “Diagnosis de la poesía y su arquetipo” de Ernesto Daniel Andía, o “Peso y medida de Alberto Hidalgo” de Gyula Kósice, intentaron aproximaciones a la obra de Hidalgo con precarias herramientas explicativas, o aplicándose en elaborar pintorescos panegíricos. 

Por entonces, también, aparecieron numerosos artículos y notas sobre el arequipeño, incluso en época temprana, como confirma Mariátegui cuando escribe que Hidalgo “creciendo, creciendo, ha adquirido efectiva estatura americana”.

 Lamentablemente, el análisis y la evaluación de la obra hidalguiana en su época, si bien llegó a ser cuantiosa, no tuvo un correlato en su calidad, por la carencia de marcos teóricos claros, o de solventes metodologías de interpretación, apelándose profusamente al puro impresionismo. 

Muerto Hidalgo, las décadas siguientes lo silenciaron sin escrúpulos. Recién en los últimos años se redactaron algunas notas y artículos, asomaron antologías, re-ediciones, y libros que incluyeron flamantes lecturas de la obra hidalguiana –lo último hace referencia a los aportes de Mirko Lauer en “La polémica del vanguardismo” y en “Musa mecánica”. En resumidas cuentas, entonces, aún cuando los recientes trabajos echan positivas luces, todavía se espera el libro sistemático que aborde con remozada y rigurosa versación el legado de “este gran poeta, uno de los cuatro mayores del Perú –según palabras de Sánchez- y acaso uno de los siete u ocho mayores de América”.

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Para concluir desde aquí les recomiendo otro articulo de Alvaro Sarco sobre Hidalgo. Se titula Alberto Hidalgo como cuentista